una causa justa por la que luchar

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Hermione

La cantidad de aulas en el castillo me sorprendían. Llevaba cinco años estudiando en Hogwarts y aún no había estado en la mitad. Hacía cinco minutos que debía estar en la clase a la que Párkinson me había dicho que fuera. Llegaba tarde, y yo odio la impuntualidad.

La Slytherin me había mencionado un aula cerca del baño de prefectos del tercer piso. En principio parecen unas instrucciones sencillas, pero si tienes en cuenta que cerca del baño hay alrededor de 15 aulas, la tarea se vuelve más complicada. Me dediqué a abrir puerta por puerta, rezando por no encontrarme nada que no quisiera ver dentro. Al fin, después de otros tres minutos, encontré a Párkinson en una de las últimas habitaciones que me quedaban por revisar.

- Granger llegando tarde, que es lo siguiente, ¿que Griffindor gane un partido de quidditch? - Comentó la Slytherin nada más verme entrar por la puerta.

- Que graciosa Párkinson. - Dije con la mayor cantidad de sarcasmo posible.

- Gracias, pero ya lo sabía. - Dijo con fingida educación.

Ahora que me fijaba, pude ver que Párkinson ya había preparado los ingredientes de la poción y los había dejado en la mesa, junto al gran caldero que tenía delante suyo.

...

Estaba en la biblioteca con Párkinson sentada en frente mío. Mañana era la fecha de entrega, así que este era el último día que quedaríamos para hacer el trabajo. Aunque, no lo admitiría ante nadie, puede que ni siquiera ante mi misma, iba a echarlo de menos. Durante esos días me había dado cuenta de todo lo que Párkinson había cambiado. En varios momentos del día me había llegado a sorprender a mi misma pensando en que había quedado con Párkinson aquella tarde, ansiosa de que llegara el momento de verla. La Slytherin era insoportable; pero, de alguna forma u otra siempre conseguía arrancarme una sonrisa. También se había llevado alguna que otra mala mirada y un par de insultos, en mi defensa, se los había ganado. Nuestras conversaciones se basaban en ella metiéndose con mis amigos o con algún profesor y yo defendiendolos como podía. Alguna que otra vez había echo un comentario sobre mí, pero nada cruel, no como los que hacía sobre Harry y Ron. Sabía que a Párkinson le encantaba hacerme enfadar, pero también me había dado cuenta de lo satisfecha que parecía cuando conseguía hacerme reír, y aún más si de lo que me reía era de una broma hacia mis amigos. Ella me había dicho que eso lo consideraba como una victoria personal. Aunque la Slytherin y yo no nos habíamos convertido en mejores amigas ni nada parecido, habíamos aprendido a tolerarnos, y incluso podía decir que estar con Párkinson llegaba a ser agradable en algunos momentos.

- Ya está¿no? - Dijo Párkinson echando un último vistazo al pergamino.

En efecto, ya estaba. Era libre por fin, no tendría q volver a quedar con aquella víbora. Era el día más feliz de mi vida ¿Verdad?. En teoría tendría q serlo; pero, ¿Por qué no me sentía así?

- Sí, todo listo. - Pansy puso la misma cara q ponía justo antes de soltar algún comentario cruel, así que, por una vez, decidí adelantarme. - Que bien que lo hemos acabado, así ya no tendré que volver a quedar contigo.

La serpiente llevo una mano a su pecho, fingiendo estar conmovida. Acto seguido se seco con las manos unas lágrimas imaginarías. Levanté la ceja, sin saber muy bien adónde quería llegar con todo aquello.

- Lo he conseguido, he cumplido mi misión en la vida. - Dijo Párkinson siguiendo con su teatro. - Hermione Granger a intentado burlarse de mí. - No sabía que contestar. - Es decir, todavía te falta mucha práctica, pero algo es algo. - Como no, de alguna forma u otra Párkinson siempre tenía que meterse conmigo. Por eso no la soportaba; porque no la soportaba ¿Verdad?

Como la odioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora