Tatiana
Damon me mira de reojo y pone los ojos en blanco. Bufo, burlona y quito mi mirada juzgona de él.
—Ya sé. Erick y mamá me miraron igual —dice molesto y muevo las manos.
—Pues ¿Cómo no? No conozco a tu prima, pero si no estabas seguro ¿Por qué le dejas tu auto? —cuestiono, haciendo que se dé cuenta.
—Solo supuse...
—No supongas más —esta vez yo ruedo los ojos—. Confías mucho.
—Ay, bueno, ya —rezonga—. Igual ella va a pagarlo.
—Ni debería —digo, subiendo ambas cejas y Damon me mira entre indignado y confuso—. ¿Es su culpa que tu no la hayas pensado?
—Ahora todos en mi contra entonces —se queja y me río—. Ni siquiera la conoces.
—A ti tampoco porque no pensé que fueras tan tonto —contesto, mirando alrededor, sintiendo los ojos de él sobre mí.
—No me hagas arrepentirme de acompañarme.
—Presiento que te estas arrepintiendo desde que salimos de la universidad.
—Wow ¿Eres bruja? —pregunta, sarcástico y sacude la cabeza cuando el viento mueve unos mechones de su cabello, tapándole los ojos. Tal gesto se me hace lindo, aunque tan rápido como llega el pensamiento lo pateo lejos en mi cabeza—. Me da pereza caminar.
—¿Y acaso no te ejercitas?
—Sí, unos cuantos días a la semana —responde vagamente, y parece que le da muy igual—. Estoy acostumbrado a mi auto ¿Okey?
—Más flojo —niego con la cabeza y pasa su mano detrás de mi nuca para tirarme el cabello en la cara—. Este estúpido —farfullo, manoteándolo en el hombro—. Ayer andabas bebiendo ¿Verdad? —pregunto, recordando lo que me dijo antes y también notando que tiene un poco de ojeras marcadas. Asiente bostezando—. ¿Quién bebe un lunes?
—Siento que tu lo haz hecho —comenta, y pasa sus manos por la cara, para luego frotarse los ojos.
—Sí, pero viniendo de ti es raro.
—Fue culpa de Erick.
—Con razón los dos faltaron a primera hora. Ya pensaba que si tenían algo secreto —lo molesto y sonríe.
—Nunca va a desaparecer el rumor.
—¿Desde cuándo existen? —frunzo el ceño y el hace lo mismo, aunque haciendo memoria porque al parecer no es un simple chiste.
—Hubo un tiempo... tenía como 13 o 14, me la pasaba con Erick todo el tiempo. Iba a su casa o hablaba con él, pero no precisamente era porque quería sino porque me gustaba una chica y me reunía con ella —frunzo más el ceño, confusa—. A mi mamá no le agradaba ni a mi papá, entonces era todo a escondidas y... Erick tapaba todo. Entonces creían que en serio me gustaba él. Mamá me lo preguntó y todo... ya luego descubrió la verdad —finaliza y lo miro en silencio, formando una línea recta con mis labios—. ¿Que?
—Damon... Dios —me río cuando se me viene un escenario a la cabeza—. es muy chistoso pensar que tu... —me río aun más—, que tú eras como la adolescente sometida que no la dejaban tener novio... —me carcajeo peor—. Se veían a escondidas o te regañaban —ni me molesto en contenerme y me detengo en un momento en el camino, porque el ataque de risa no se me quita imaginando otras cosas como Damon asomado en una ventana esperando para encontrarse con ella; empeoro al ver la cara de seriedad con la que me mira él.
Momentos después...
—Lo siento, en serio... no puedo no verte siendo super mimado —le digo retomando el paso a la peluquería—. Era como que... estabas en una cajita de cristal.
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Marcando los errores
RomanceLa rutina desorganizada y aparentemente tranquila de Tatiana se rompe cuando el pasado regresa, dejándola al borde de su poca estabilidad. Damon, el chico que siempre le gustó, vuelve a su vida, despertando emociones que siempre intentó rechazar. Su...
