Sofía
Cuando el juego termina, Lucia me toma del brazo y me lleva a rastras hacia la cancha donde el señor Mike le está dando la bienvenida a Izan. Cuando Leo me ve, se acerca a mi y posa una mano sobre mi cintura para acercarme a él.
—Princesa, me complace presentarte al nuevo armador del equipo, Izan Müller —dice y poso mis ojos sobre él, que no se ve sorprendido, como si ya supiera que iba a entrar.
La verdad es que no sé de voleibol, pero creo tener suficiente poder de observación para poder decir que Izan juega mucho mejor de lo que jugó Hugo en todo el tiempo que estuvo en el equipo.
—Felicitaciones —le digo, neutral, y veo que asiente como respuesta.
—Gracias —contesta sin dejar de mirarme a los ojos. Le sostengo la mirada en todo momento hasta que se alza un silencio incómodo que, por suerte, mi mejor amiga decide terminar.
—¿Qué les parece si vamos a tomar algo después de la última clase para celebrar que ya está completo el equipo otra vez? —dice, dando una palmada para captar la atención de todos y aprovecho para aclararme la garganta.
—Por primera vez, estoy de acuerdo contigo —le dice Leo con tono despectivo haciendo que me tense cuando Lucia frunce el ceño.
La miro, pidiéndole sin palabras que no diga nada, pero sé que es en vano, porque siempre se pasa por donde-no-le-da-el-sol las miles de peticiones que le he hecho para que traten de mantener una buena relación, al menos frente a mí.
—Extrañaba verte recibiendo esos saques, Leo —dispara Lucia, con burla y sarcasmo—. Veo que sigues siendo igual de bueno.
Sé que se refiere al saque que hizo Izan para darle el punto final a su equipo, un flotante si no me equivoco. Leo me ha comentado muchas veces que le es muy difícil recibirlo, imposible, como siempre me dice él.
Me fijo en Izan, que está conteniendo una risa pero lo logra disimular bastante bien, torciendo el cuello para que nadie vea el asomo de una sonrisa, y los demás chicos del equipo tienen casi la misma cara de leve preocupación que yo por la reacción de Leo.
—Leo, piensa lo que vas a decir, estás hablando con mi hermana —Alejandro da un paso hacia adelante, poniéndose junto a su hermana de manera protectora y tratando de intervenir como mediador.
—Pues dile a tu hermana que controle lo que dice —masculla él, entredientes.
—No soy yo la inútil que no sabe recibir bien un saque —bufa Lucia.
—Oigan, basta ya, los dos —intervengo y Leo posa su mirada en mi.
—Sofía, no te metas en...
Pero se interrumpe cuando un cuerpo pasa entre los dos, y yo me tambaleo un poco hacia atrás. Me sostienen del brazo para estabilizarme y tan rápido como lo hace, Izan me suelta y se aleja.
—¿A dónde vas? —le pregunta Leo a Izan, que se dirige a los vestidores.
—No me interesa quedarme a escuchar discusiones estúpidas —responde sin darse la vuelta y desaparece. Me fijo en que el señor Mike, quien también es mi entrenador, ya no está.
—Él tiene razón, Leo, y lo sabes —hago que me mire, ganándome una mala mirada de su parte—. Mejor vayan a cambiarse para no llegar tarde a la próxima clase.
Le sostengo la mirada a mi novio a pesar de que por un momento tengo ganas de bajarla por la mirada de reproche que me da, la misma de siempre que se molesta por mi culpa.
—Está bien —termina diciendo con voz tensa porque, como sé, no le gusta dar espectáculos—. Nos cambiamos y nos vamos, espera aquí.
Se va junto con el resto para quitarse el sudor y cambiarse. Sé que tengo una conversación pendiente con él por esto, pero decido preocuparme por eso luego y me volteo hacia Lucia cuando quedamos solas.
ESTÁS LEYENDO
Espejos grises
RomanceLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
