Sofía
El vestido se ve mucho más hermoso puesto.
Es negro, con un escote de corazón tan pronunciado que casi me llega al ombligo, la espalda es descubierta al completo y me llega a la mitad de muslos. Lucia me aconsejó hacerme una coleta alta y más acertada no pudo estar; también decoré mis ojos con sombras y un delineado, y ahora brillan con más emoción de la que esperaba. Mis mejillas se ven más sonrojadas gracias al maquillaje y el color rojo centra la atención en mis labios.
Siento el sonido de un claxon y cuando me asomo por la ventana, confirmo que Leo acaba de llegar. Salgo de mi habitación con una sonrisa y bajo las escaleras.
—Ya me tengo que ir —cruzo el umbral de la cocina y la primera en girarse a verme es mi madre, que cruza de manera ligera y elegante sus brazos sobre su pecho, y me mira de arriba a abajo.
—Estás preciosa —me dice, y sus sonrisas se me contagia y hace que la mía crezca.
—Me recuerdas a tu madre cuando la conocí —dice mi padre y pone una mano en la cintura de mi madre. El halago hace que eleve el mentón, orgullosa.
—Gracias. Ya me tengo que ir, Leo me está esperando fuera —me acerco a dejar un beso en la mejilla de cada uno.
El auto está frente a mi casa y Leo afuera, mirando algo en su móvil. Lleva unos pantalones grises y una camisa azul marino bien abotonada. Me acerco a él, que parece captar mis movimientos y levanta la vista.
—Felicidades, princesa —dice y se queda viéndome de arriba a abajo. Su mirada comienza a ponerme nerviosa y no en el buen sentido, incluso podría decir que algo incómoda.
—¿Está todo bien, Leo? —pregunto, tratano de romper el tenso silencio.
—Estás hermosa, Sofía —dice acercándose a mí. Le sonrió un poco pero no dura mucho, pues su expresión es seria.
—¿Pero?
—Nada, solo... —sacude la cabeza—, no me gusta pensar en que habrá muchos tipejos que te verán y querrán acercarse a ti.
—Tú estás muy guapo —pongo una sonrisa para evitar el tema, pues es habitual cada que salgo con él y no es momento de centrarme en eso.
—Vamos —parte de su sonrisa vuelve, señala con la cabeza el auto y asiento.
Él va a su asiento y yo abro la puerta para subirme al copiloto. Me paso todo el trayecto viendo por la ventanilla y sonrío cuando veo a todos esperando, pero solo me concentro en los mellizos y el otro cuerpo menudo junto a ellos.
—¿Me hice esperar mucho? —bromeo y todos se giran a verme, sonrientes.
Lucia lleva el vestido que compró, que se ciñe a su cuerpo y es rojo, por lo que contrasta con su piel clara. Su hermano no va muy diferente a Leo, solo varían los colores: cambia el gris por el marrón y la camisa de botones azul marino por una camiseta lisa negra. Tylor fue asesorada por Lucia, lo sé porque reconozco el vestido blanco que lleva, pues se lo he visto antes a Lucia, sin embargo, a ella le resalta su piel bronceada, por lo que le luce más.
—¡Hola, cumpleañera! —abro los brazos para recibir a Lucia cuando se me lanza encima—. Te dije que el vestido te quedaba increíble.
—Me dijiste eso con todos los vestidos que me probé.
—Porque a ti todo te queda increíble —me da un último apretón antes de separarse para darle espacio a Alejandro.
—Felices dieciocho —se para a mi lado y pone mi cabello sobre su brazo cuando me rodea los hombros con el.
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Espejos grises
RomanceLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
