Izan
Estoy pasando por el patio trasero cuando veo a Sofía sentada en una banca con un libro en su regazo.
El cabello le cae como una cortina por los lados de la cara, mira a sus lados para cerciorarse de que nadie la está viendo, y su mirada esmeralda choca con la mía. Se queda en blanco por un momento antes de saludarme elevando un poco el mentón en mi dirección y se acomoda el cabello para que le tape la cara aún más.
Me doy la vuelta y comienzo a alejarme. Por mucho que no entiendo porqué lo hace, si se parece que se oculta es porque no quiere ser vista.
Voy hasta mi casillero a tomar lo que necesito ahora y cinco minutos después, vuelvo a coincidir con ella en el pasillo, yendo hacia el salón de Química. Veo de reojo su expresión seria y antes de poder procesar lo que hago, me dejo llevar por el impulso y le toco un hombro.
—¿Qué? —espeta cuando se gira y se quita un audífono.
—Hola a tí también —enarco una ceja. Al ver que soy yo, sus ojos se agrandan un poco, quitándole la seriedad a su expresión y su ceño se relaja.
Parpadeo sin dejar de verla, procesando la cantidad de emociones que le pueden surcar los ojos en apenas un segundo. Ella se quita el otro audífono y lo guarda en su mochila. De reojo veo el libro que llevaba hace un rato, pero no puedo ver mucho de la portada.
—Perdón —carraspea y se aventura a preguntar—. ¿Has visto a Leo o Alejandro?
—Tenemos entrenamiento hoy, pero no los he visto.
Ella arruga la nariz con confusión, lo que la hace ver graciosa y... bonita.
No dice nada y yo tampoco tengo nada que decir, es el sonido del timbre lo que llena el silencio.
Paso junto a ella y me dirijo al salón de mi próxima clase que, si no me equivoco, es Matemáticas con la subdirectora. Entro al salón y trato de prestar atención a lo que dice ella, aunque no me sirve de mucho por estar dándole vueltas a lo que no debo, al porqué me arqué a ella hace un minuto sin motivo.
•••
Estoy en la cancha con los demás del equipo para el entrenamiento cuando Lucia y Sofía entran y el entrenador no se inmuta, parece que es habitual tener a esas dos en las sesiones, pero la mirada de Leo se fija en su novia.
Hoy me presentaron al otro líbero, es más o menos de la misma estatura de Leo solo que es más delgado, y con él he estado entrenando saques y recepciones en los primeros minutos. A veces los combinamos con un pase con destino a remate, pero en sí dejamos el ataque y la defensa para la otra mitad del tiempo que tenemos.
Mi mirada a cada rato persigue a la chica que está en el inicio de las gradas, hablando con su mejor amiga, haciendo que me desconcentre por momentos.
—¡Izan! —me grita Alejandro con el balón en la mano y ensaya su saque, tal como le mandó el entrenador.
Es débil, pero su altura ayuda a que pase la red y recibo. Coloco para Mateo que está en zona dos, este remata el balón con fuerza y Alejandro se hace a un lado para comprobar hasta dónde llega.
Asiente y se quita cuando Marcelo toma su lugar para practicar. Como central, el saque tampoco es su función principal, pero al igual que Alejandro, la altura con la que cuenta hace que le contribuya para lograr uno efectivo.
—¡Thomás! Ve con Izan —le ordena el entrenador al otro líbero, que está practicando recepción con los antebrazos con Lucas. Este se apresura a venir y el entrenador me mira—. Dame un flotante.
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Espejos grises
Roman d'amourLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
