Sofía
Miro la hora en la pantalla de mi móvil, ansiosa porque llegue Leo. Todos quedaron en reunirse aquí en el parque, así que no me encuentro sola, tengo a todo el equipo conmigo, solo faltan mi novio e Izan por llegar.
Alejandro habla de Dios-sabe-qué con Marcelo y Lucas, el entrenador debe estar ya en el instituto rival y yo le agradezco al cielo cuando mi mejor amigo se toma una pausa y me voy con Lucia, que luce aburrida.
Veo el auto del padre de mi novio acercarse y suspiro aliviada. Leo se baja y comienza a saludar a todos hasta que llega delante de mí con una sonrisa de lado y el cabello color arena despeinado.
—¿Vamos? —pregunta y yo asiento.
Nos comenzamos a organizar para subir a la camioneta, pero mi móvil comienza a sonar en mi bolsillo, así que me alejo un poco para contestar. Titubeo cuando veo que se trata de mi madre, pero al final contesto.
—Sofía, ¿todavía estás en casa? —inquiere demasiado rápido sin darme tiempo a saludar, lo que me deja extrañada.
—Obviamente no —respondo y me separo el móvil de la oreja un poco, confundida, cuando la escucho soltar una maldición. Ella tuvo que ir a trabajar hoy, siempre trabaja los sábados—. ¿Está todo bien?
—Sí... No, en realidad no. Tengo una reunión importante dentro de quince minutos y se me olvidaron unos documentos importantes en casa. Tu padre no contesta y seguramente debe estar en el taller con el auto.
—No sé cómo podría ayudarte, mamá.
—¿Crees que puedas traer los documentos? —El tono de súplica me hace apretar la mandíbula. Pocas veces me pide algo de esa manera—. ¿Por favor?
—Te veo en quince minutos —contesto rápido antes de colgar sin darle tiempo a responder o a mí de pensar bien en lo que dije.
Guardo el móvil en el bolsillo de mi pantalón y me giro a Leo que había guardado las distancias, sin hablar, al igual que el resto, y tiene el ceño fruncido.
—¿Ocurre algo?
—Leo, ¿crees que me puedas prestar tu auto? —inquiero y me acerco a él—. Necesito llevarle unos documentos a mi madre que se le olvidaron en casa y tiene una reunión importante en quince minutos. Los necesita.
Mis palabras hacen que su expresión pase de la confusión a la pena. Eleva una mano y se despeina aún más el cabello.
—Princesa, me encantaría ayudarte, pero sabes que la camioneta es de mi padre y la necesito para llevar al equipo al partido.
«Mierda, es cierto». Doy un paso atrás y me paso una mano por el cabello, pensando.
No puedo esperar a tomar un autobús que me lleve a casa y luego esperar otro para ir al trabajo de mi madre. Podría ir corriendo, tal vez; soy rápida y tardaría menos que caminando, pero...
Un auto se estaciona detrás del de Leo, el piloto se baja y se acomoda el cabello negro con una mano. Izan saluda a todos de manera escueta y se apoya en su auto mientras todos piensan en voz alta para darme soluciones. De repente mi mente se va a otro lado, a un recuerdo difuso...
«—¿Me dejas conducir? —recuerdo haber soltado antes de poder controlar la lengua.
—¿Sabes conducir?
Asentí a la pregunta. No recuerdo con claridad lo que parece que digo luego, solo palabras al azar.
—Mi padre… conducir... muy difícil usar este... Volante, freno, acelerador... puedo con él.»
ESTÁS LEYENDO
Espejos grises
RomanceLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
