Izan
Los puños se me cierran con tanta fuerza que temo desgarrarme la piel de los nudillos cuando miro el lugar por donde se alejó ese imbécil hace unos instantes.
Ya Alejandro me había dicho en la fiesta de Marcelo que Leo era tonto, que no sabía qué veía Sofía en él. No lo conocía como para juzgarlo, ahora tampoco es que lo haga, pero él no pude tener los cojones para hacerle eso, no cuando eso es una de las cosas más bajas y patéticas que puede hacerle una persona a otra.
Cuando vuelvo a Sofía, ella también está mirando el lugar por donde él se fue. Se le acumulan lágrimas en los ojos y el tono vívido, el verde que hace que parezca que ve el mundo a través de dos esmeraldas, ahora está opaco.
—Sofía —Lucia es la primera en hablarle, aún arrastrando las palabras—, tal vez deberíamos...
—No, no —se apresura a decir ella y pone la sonrisa más falsa que le he visto hasta ahora—. Es mi cumpleaños, no puede terminar así.
El labio inferior le tiembla, Lucia y su nueva amiga la miran con pesar y Alejandro murmura incoherencias cuando todos los otros miembros del equipo comienzan a alejarse.
—Todo está bien —Sofía se limpia el rastro de lágrimas con el dorso de la mano para tratar de validar sus palabras.
Lucia suspira y asiente. Al cabo de un rato, me veo arrastrado hacia la barra, viendo como ellas tres toman tanto que creo que en cualquier momento van a caer inconscientes. Me mantengo sin tomar nada al igual que Alejandro, que ha elegido comenzar a serenarse.
Veo desde lejos como las tres chicas acaparan la atención en la pista. Tylor da brincos al ritmo de la música, Lucia también solo que con una botella en la mano mientras que Alejandro trata de controlar a la desenfrenada de su hermana y Sofía… no parece saber qué hace.
—Estás completamente borracha —le dice Alejandro a su hermana y Lucia suelta una carcajada fuerte que se le contagia a Sofía se le contagia.
—Toma —Lucia le pega la botella a los labios y Sofía traga el líquido hasta que le chorrea por la barbilla.
«Se acabó». Estampo mi mano contra la barra y me abro paso hacia el mar de gente que me separa de Sofía. La tomo de la muñeca y la hago girar hacia mí. Su expresión es nublada y mareada, y pasa a estar confundida cuando me identifica.
—Ha sido suficiente —decreto—. Te llevo a tu casa.
Bufa y trata de apartarse, pero la tengo que sujetar con más fuerza cuando da un traspié y casi cae.
—Dijiste que no querías volver a llevar a una ebria —su voz ya no suena como su voz de lo ronca que le sale.
Me sostiene la mirada con desafío y me quedo embobado por un momento cuando sus ojos vuelven a brillar, aunque sea por molestia.
—Tendré que hacer una excepción —miro a Alejandro y señalo a las otras dos—. Es hora de que me devuelvas el favor de aquella vez y te las lleves.
Asiente de inmediato y espero que desaparezcan –Lucia a costa de arrastradas– para volver a ver a Sofía.
—Ha sido suficiente por esta noche —repito tratando de sonar más suave al recordar su situación.
—No quiero irme —niega con la cabeza y su nariz se arruga—. Estoy bien.
«Está mintiendo». Suspiro y me replanteo lo que estoy a punto de hacer, pero parece ser el único modo de lidiar con ella en este momento.
—No es una opción quedarse, Sofía —No me la dejo replicar porque me agacho y la cargo sobre mi hombro, y descubro que pesa menos de lo que pensé.
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Espejos grises
RomanceLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
