Capítulo 16

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Sofía

«¿Por qué tiene que existir el miércoles?»

Continúo maldiciendo internamente la existencia de quien se le ocurrió crear los días de la semana, y no noto cuando alguien se me acerca por detrás.

—Te estaba buscando —dice Alejandro y, al ver mi cara, sonríe—. Amanecimos de buen humor, al parecer.

Tiene el cabello alborotado y como el día de hoy amaneció aún más nublado, lleva una chaqueta acolchada abierta sobre una camisa blanca, y yo me reajusto mi propia chaqueta. No me sorprendería si a comenzara a llover en cualquier momento.

Se pone a mi lado y pasa su brazo sobre mis hombros, la posición debe ser incómoda para él –pues es unos buenos centímetros más alto que yo– pero no dice nada al respecto.

—¿Qué ocurre? —pregunto—. No creo que me estuvieras buscando porque extrañabas mi compañía.

—Bueno, hace más de una semana que no comes con nosotros por no querer encontrarte con Leo, así que en cierto modo sí, puede que extrañe tu compañía.

No lo dice como un reclamo y es justamente la comprensión con la que me habla lo que hace que me sienta mal, y las palabras que Izan me dijo aquel día en la azotea regresan.

—Por cierto —vuelve a hablar, sacándome de mis pensamientos—, ¿has escuchado eso de que mañana llega una chica nueva?

—¿En serio?

—Es lo que dicen los pasillos, sabes que no son fuentes viables —suspira y en ese momento, suena el timbre anunciando el descanso y él me regala una sonrisa—. Te veo luego.

Me revuelve el cabello y se separa de mí para irse. En otro momento me quejaría por el estado en que queda mi cabello, pero ahora...

—Alejandro —le llamo. Él se detiene y me mira sobre su hombro—. ¿Te vas sin mí?

Doy zancadas para llegar junto a él. Su sonrisa regresa, tintada de orgullo.

—Muy bien, Johnson —me empuja con su hombro, en un gesto cómplice.

En la cafetería detectamos a Lucia en la mesa de siempre, vamos hacia ella mientras trato de ignorar la más de una mirada que se posa sobre mí. Pensé que nadie se molestaría en reparar en mí al ya no ser la novia de Leo.

—¿Hay sitio para mí? —pregunto. Ella levanta la mirada de su móvil y se pone de pie.

—¡Hasta que te dignas a venir! —me abraza y siento como me pellizca el brazo. Me quejo con una sonrisa y cuando se separa, en sus ojos me recibe la preocupación—. ¿Estás bien?

—Sí, Amanda, puedes estar tranquila.

—Creo que prefería cuando no estabas aquí —rueda los ojos y se me escapa una risa.

—Eso no te lo cree nadie —le digo—. Pero, es en serio; estoy bien.

Se sienta, palmea el sitio a su lado y tomo asiento junto a ella.

—Me alegra verte aquí otra vez —va a decir algo, pero mi atención va hacia la puerta de la cafetería cuando se abre—. ¿Qué pasa, Sof?

Sin mirarla le hago una señal hacia la puerta, por la que pasan los del equipo con... Leo a la cabeza. Su rostro se transforma en una mueca que denota asco al ver a Leo y lo único que hace que me relaje es ver a Tylor acercándose detrás de ellos. Al parecer se ha integrado bien, y me alegro por ella.

—Hola, chicos —responde Lucia cuando todos saludan y yo solo un simple asentimiento.

—¡Sofía! —me saluda Tylor cuando llega y toma asiento junto a Lucia.

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