Sofía
Desperté al día siguiente con un tambor africano en las sienes y la mitad de los recuerdos borrosos.
Alejandro y Lucia se pasaron un rato por casa y estuvimos hablando de la noche anterior, compartiendo los recuerdos que teníamos entre todos y comienzo pizza, pues mis padres habían salido a almorzar.
Según me dijo Alejandro al yo no recordar cómo llegué a casa, él le pidió a Izan que me llevara porque no quería arriesgarse a conducir tanto estando mareado y provocar un accidente, así que me anoto agradecerle cuando lo veo.
Ahora el pecho me sube y me baja a una velocidad que para muchos sería preocupante, pero ya estoy acostumbrada a estar así y la verdad es que es normal estar así cuando te toca correr siete vueltas seguidas. Después de finalizada la última clase, estaba por cantar victoria e irme a casa, hasta el entrenador convocó al equipo.
Voy en la vuelta seis, a paso lento pero constante. Suspiro, dejando salir todo el aire de mis pulmones cuando Samantha llega a mi lado, y me maldigo cuando siento una punzada de dolor en el costado. No debí tomar agua antes de comenzar.
—¿Una carrera, Sofía? —me reta mientras jadea por el esfuerzo.
—No estoy de humor, Samantha —digo, también con la respiración hecha un desastre.
Veo de reojo la sonrisa que aparece en su rostro, cargada de eso que tanto veo en ella: superioridad, y aprovecha para echar a correr más fuerte.
—Joder —mascullo, molesta por dejarme desconcentrar.
Tal vez debería dejar que gane para que deje de joderme, pero fallar ahora es un lujo que no me puedo dar, así que Samantha debe llevar unos cinco metros de ventaja cuando acelero el paso. Pasan segundos cuando me pongo a su lado, ella me mira con el cansancio claro en su rostro.
Paso frente al entrenador mucho antes que ella; tomo mi tiempo para recuperarme en mi postura habitual, jadeando por la punzada de dolor en mi costado. Veo de reojo a Samantha tirada en el suelo, recuperándose y mirándome con odio, pero la ignoro y voy junto al entrenador. Una chica en la que no reparo mucho se para a mi lado y temo que se desmaye por la falta de aire.
—B-Buena c-carrera —jadea.
—Igual —le doy una sonrisa torcida, pues no estoy acostumbrada a que se me acerque alguien a hablar conmigo.
Tomo mi botella de agua y antes de dirigirme a las duchas, Samantha se acerca a mí, pero la rodeo y paso junto a ella.
Escucho como suelta un gruñido lleno de impotencia y odio por mis palabras. Me detengo y la miro sobre mi hombro.
—Eres buena, Samantha. Solo deja de molestarme cada vez que me ves y podré considerar un placer correr y competir contigo —digo y retomo mi camino a las duchas, no sin antes escucharla decir:
—¡Pronto te demostraré cuánto placer siento al ganarte, Sofía! —grita y no me molesto en mirarla. Ya entendí que decidió ignorar por completo mis palabras.
Salgo del instituto y me dirijo a mi casa con la sola compañía de mis audífonos y un montón de tareas para el día siguiente. Al final, la mayoría no la hago, así que, al día siguiente, llego a la cafetería del Nova con la esperanza de que me de tiempo hacerlas.
«Ilusa». Lloro internamente cuando el timbre suena y me veo obligada a dirigirme al salón de Español para no llevarme una sanción de parte de la profesora. Por suerte, resulta que llego bastante antes, por lo que la mayoría de los asientos están vacíos, pero no tardan en ir llenándose poco a poco.
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Espejos grises
RomanceLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
