Sofía
—Hola —me limito a decir.
Martín presenta a Izan ante mi padre, que no lo conocía, y luego lo seguimos hasta la mesa y nos acomodamos en los asientos. Termino quedándome junto a mi madre e Izan lo hace junto a su padre.
No presto mucha atención a lo que dicen por estar la vista fija en mi plato ya servido, hasta que me canso de esperar que la comida se mueva –cosa que obviamente no pasa– y decido centrarme en la conversación.
—¿Practicas algún deporte, Izan? —le pregunta mi padre.
—Voleibol —asiente él, sin inmutar su expresión—. Estoy en el equipo del instituto.
—Sofía está en el equipo de atletismo —le cuenta mi madre a su jefe—, y es muy buena.
—Mamá —digo con algo de vergüenza, tal vez por la falta de costumbre a los halagos—. No es para tanto.
—Yo no diría eso.
Sin poder evitarlo, me giro hacia Izan cuando habla. Él se lleva el vaso de agua a los labios sin quitar sus ojos de los míos.
—Te he visto de casualidad cuando recorría el instituto —explica—. Es cierto que eres buena.
«¿En qué momento me pudo haber visto?». Carraspeo y me obligo a reaccionar cuando él sigue mirándome y todos esperan una respuesta de mi parte.
—Supongo que gracias —asiento y él baja el mentón, en un medio asentimiento, antes de apartar la mirada.
El resto de la cena se resume en nuestros padres hablando sobre cosas de sus trabajos mientras Izan y yo permanecemos lo más callados posibles y solo hablamos cuando se dirigen a nosotros.
«¿Cuánto tiempo más va a durar esto?» Quiero preguntar, pues ya tuve que poner el móvil en silencio para que las llamadas de Lucia no molesten, así que a sabiendas de que igual estoy siendo maleducada, me inclino hacia mi madre y le susurra al oído la pregunta.
Ella niega con la cabeza como única respuesta y retoma el tema de conversación, ignorándome. La cena continúa y aplano los labios cada vez que el móvil me vibra con un mensaje, seguramente de Lucia.
—Mamá —le hablo otra vez en un susurro cuando termino de comer—, de verdad tengo que irme
—¿No te gustó la cena? ¿Estás incómoda? —comienza a preguntar Martín.
«Genial, Sofía, bien hecho». Puede sentir la mirada reprobatoria de mis padres encima de mí.
—No, no es nada de eso —aclara mi madre antes de darme tiempo a hablar—. Sofía irá a una fiesta hoy y como no acostumbra a salir está… algo ansiosa.
—Qué casualidad, Izan creo que va a esa misma fiesta —comenta Martín—. Podrían ir juntos.
Izan posa su vista en mi y yo mantengo el contacto visual sin saber muy bien que hacer o decir.
—No quiero molestar —me excuso, aún mirándolo. Sus ojos taladran los míos y contengo el impulso de removerme en el asiento, nerviosa e incómoda a partes iguales.
—No lo harías —dice él—. Después de todo, vamos al mismo lugar, ¿no?
Sopeso sus palabras y poco después, termino accediendo. Un aventón no me vendría mal y es cierto que vamos al mismo sitio. Pedimos permiso para levantarnos de la mesa y vamos a la salida de la casa.
—Espera aquí —dice y aprovecho que se va para decirle a Lucia que ya voy para allá.
Espero por Izan hasta que regresa dentro de un auto negro precioso. Debe ser de él, pero no recuerdo haberlo visto en él durante esta semana.
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Espejos grises
RomanceLos institutos siempre han sido uno de los lugares más clichés que puede haber para los libros, eso Sofía lo sabe bien. Pero eso no quita que ella fuera distraída en el pasillo y se chocara con alguien. Él iba rogando que los meses de instituto pasa...
