Si hay algo que Saint Van Doren odia más que perder, es tener que hacerlo siempre contra Ethan Mc Clarence. Mientras que para éste, la rivalidad con su declarado némesis académico es lo único que lo mantiene a flote en su fría existencia.
Y hará lo...
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Maldigo el día en dónde el padre de Ethan Estirado Mc Clarence decidió no usar un maldito condón.
Luego de nuestro pequeño encuentro, dejo atrás la biblioteca con la furia escalando por mis vértebras. Una irritación que nace en lo profundo de mis huesos y que se expande al resto de mi cuerpo cada vez que tengo la mala suerte de chocar con él. Su actitud supremacista y la sonrisa socarrona que suele poner en nuestros debates hace que pierda el enfoque de todo. Como si supiera que tiene el poder de provocar que mi sistema nervioso colapse por su causa, haciendo que cada pensamiento racional se transforme en un profundo deseo por eliminar el gesto de su rostro de un golpe o, en el mejor de los casos, con la ayuda de una silla.
Terminar de entender el porqué su existencia afecta tanto mi calma es una tarea que abandoné hace mucho, más después de que mi psicólogo quiso desenterrar eventos del pasado para averiguarlo.
A estas alturas, atribuyo mi molestia a su propia idiotez. Aquella que pasé por alto los primeros meses como roomies en la residencia estudiantil, pero que terminé conociendo mejor que nadie al finalizar nuestro primer año juntos. Con su rutina perfectamente estructurada, dieta balanceada y ropa libre de arrugas, fue un dolor en mi trasero desde que lo conocí. Un niño rico de la alta sociedad, heredero de todo mucho antes de siquiera nacer. Alguien que jamás tuvo que esforzarse por nada.
Decir que lo odio por ello es demasiado, pero tampoco es como si ese hecho estuviera bien para mí. Más cuando él se encargó de restregármelo en el pasado. Y durante todos estos malditos años.
Mis amigos llaman a Ethan mi demonio personal, porque siempre está detrás de mí y encuentra la mejor manera de arruinar mi día. Incluso mis padres tienen conocimiento de su horrenda existencia.
Aunque ellos se burlan más por permitir que una palabra suya me desestabilice por completo.
━¡Hey, pequeña furia! ━La voz de Carter me detiene en medio del pasillo y, dos segundos después, siento como se cuelga de mi espalda dejando caer casi todo su peso.
Un quejido abandona mi garganta cuando lo más parecido que alguna vez tendré como mejor amigo me golpea sin querer ━quiero creer━ con una de sus baquetas. Me lo sacudo de encima con fuerza, mirándolo molesto cuando me libero de su agarre.
━Creí que nos veríamos en la biblioteca, ¿a dónde vas? ━pregunta comenzando a caminar junto a mí, girando una de las baquetas entre sus dedos con agilidad. Su cabello castaño está peinado hacia arriba y sus ojos marrones siguen el movimiento de sus dedos sin importarle el camino.