Si hay algo que Saint Van Doren odia más que perder, es tener que hacerlo siempre contra Ethan Mc Clarence. Mientras que para éste, la rivalidad con su declarado némesis académico es lo único que lo mantiene a flote en su fría existencia.
Y hará lo...
¿Podría quedarme por un tiempo, quedarme por un tiempo?
Ahora mi corazón de segunda mano ha sido encontrado.
¿Podría quedarme por un tiempo?|
Stay For A While - Victor Ray
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Sus ojos son dos esferas oscurecidas por el placer y el deseo. Sus labios sueltan pequeños sonidos que me convierten en un hijo de puta egoísta que anhela tenerlos solo para él. Están rojos, hinchados y hay un leve sonrojo que asciende por su rostro hasta convertirse en un incendio en la punta de sus orejas.
Es un perfecto y hermoso caos extendido sobre la encimera, con el torso desnudo y los músculos tensos.
Una catástrofe natural que se desenvuelve bajo mi yugo.
La imagen es embriagante. Sus brazos tatuados claman mi atención y subo hasta las fases de la luna en su clavícula, hasta su garganta expuesta y llamativa.
Presiono mi lengua sobre la punta palpitante de su miembro, embriagándome por el sabor salado y la dureza de su piel caliente. Saint gime, yo aumento los movimientos de mi boca. Buscando empujar cada vez más, sin pensar en la falta de aire o en la presión que siento en mis propios pantalones. No es que no piense en lo que quiero, sino más bien me centro en lo que estoy obteniendo.
Y Saint así, desarmándose pieza por pieza frente a mí, es algo que he soñado desde el primer segundo en que lo vi.
Todas esas noches en las que salía del baño de nuestra habitación con los pantalones de dormir colgando por sus caderas, sin camiseta y con el cabello goteando. He perdido la cuenta de las veces que tuve que encerrarme y masturbarme porque el deseo que nacía en mis huesos me hacía perder el control. Con él del otro lado de la puerta, sin saber que con una sola mirada era capaz de convertirme en un esclavo a sus pies.
Y si esto solo es una fantasía hecha realidad de una vez, planeo tomar cada segundo que me permita vivir en ella.
—Ethan —mi nombre es un sonido agudo y necesitado en sus labios, los aprieta ahogando un gruñido y todo su rostro se frunce por el esfuerzo.
Me mira como si quisiera destruirme, como si quisiera torturarme por haberme atrevido a llevarlo al límite de toda sanidad. Y me encanta. Entierra sus dedos en mi cabello y jala, su miembro se hunde con más facilidad dentro de mi boca hasta donde puedo tomarlo. Lo que resta, es atendido por una de mis manos mientras la otra asciende por su abdomen.
Sí, ya no es el chico de dieciocho al que le gustaba ir sin camiseta por nuestra habitación. Había crecido para convertirse en una puta ambrosía de los dioses, con los músculos marcados y los hombros más anchos. Con las manos más decisivas y la lengua más filosa.