Si hay algo que Saint Van Doren odia más que perder, es tener que hacerlo siempre contra Ethan Mc Clarence. Mientras que para éste, la rivalidad con su declarado némesis académico es lo único que lo mantiene a flote en su fría existencia.
Y hará lo...
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El sonido del silbato resuena a través de la cancha, solo para que dos segundos después Ryan lance la pelota en mi dirección. Mi cuerpo se impulsa hacía delante, mi respiración es un controlado compás que mantiene los latidos de mi corazón en un orden casi perfecto. La pelota rebota sobre el piso con cada paso que doy y siento como el sudor corre por mi espalda debido al esfuerzo. Inspiro, expiro, el mundo a mi alrededor desaparece y la tensión que permanece en mis músculos se debe únicamente al desgaste físico.
La última semana había sido un caos, así que cuando Ryan llamó ofreciendo un juego para descargar el estrés, no me negué.
Con los exámenes a punto de comenzar y el verano sintiéndose cada vez más cerca, todo lo que subsiste en mi cabeza es una tormenta de la cual no puedo escapar. Y con el asunto de Saint, todo se maximiza hasta que terminó con una noche de insomnio y un dolor de cabeza punzante detrás de mis ojos.
Quemar toda esa energía acumulada con ejercicio no parece tan mala idea, hasta que me veo rodeado de sudorosos estudiantes que descargan la misma frustración en la cancha. Con demasiados empujones y pisotones para mi gusto. Y con muchos insultos de por medio.
Cuando nuestro equipo encesta por tercera vez, el equipo rival se vuelve mucho más agresivo. Media hora después, con el marcador brillando a nuestro favor, salgo de las duchas con el cabello aún goteando sobre mis hombros. Me despido de mis compañeros al pasar y me dirijo al estacionamiento a paso lento, con el cuerpo más relajado que al principio. La noche cae sobre el campus y las últimas clases están llegando a su fin.
Sé, de pura casualidad, que Saint sigue a los alrededores y que de seguro pertenece al grupo que ahora abandona las instalaciones para irse a casa.
Alcanzo mi auto y desbloqueo el baúl para meter mis cosas cuando una voz familiar llama mi atención. Como si lo hubiera invocado, como si él tuviera el maldito poder de escucharme nombrarlo. Una vez cierro de nuevo el baúl, me encuentro con la imagen de Saint a dos autos de distancia hablando con alguien que no logro identificar.
Ambos se ríen y me quedo parado el suficiente tiempo para ver cómo se despide del desconocido con una palmada en el hombro. Este se sube a una Ford Ranger negra, dejando al vagabundo atrás con el rostro brillando por la pantalla de su teléfono. La curiosidad se agolpa al borde de mi garganta como un vómito a punto de pasar y me recuerdo que ya tenté demasiado a la muerte estos días.
Rodeo mi auto hasta la puerta del conductor, pero entonces lo escucho hablar de nuevo. Esta vez más cerca.
一¿No te cansas de molestar con tu inútil existencia?