Si hay algo que Saint Van Doren odia más que perder, es tener que hacerlo siempre contra Ethan Mc Clarence. Mientras que para éste, la rivalidad con su declarado némesis académico es lo único que lo mantiene a flote en su fría existencia.
Y hará lo...
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El hielo provoca un ligero escozor cuando la poco gentil mano de Saint lo coloca sobre el corte en mi labio. Suelto un siseo y trato de alejarme, pero el agarre del vagabundo en mi nuca no me lo permite. Consume mi alma con un par de ojos oscuros y profundos, completamente cegado por el enojo. Y ni el viento del océano Pacifico es capaz de apaciguar el incendio que veo ellos. Me mira como si, dentro de su pequeña y caótica cabeza, ya me usó como su saco personal de boxeo unas miles de veces.
No me sorprende, sino que es una imagen bastante familiar que tengo de él.
Y admitir que estoy acostumbrado a ese tipo de miradas debe de encender alguna alerta que diga "corre" en letras grandes y rojas, pero todo lo que provoca en su lugar, es que tenga unas inmensas ganas de besarlo otra vez.
Lo cual es una 一en palabras no del todo éticas一 mierda de primer nivel, porque le prometí que no iba a volver a hacerlo. Al menos no esta noche. Por más que Saint, medio borracho y con los ojos negros brillando con un sinfín de emociones e intenciones, se vea terriblemente besable a tan solo un par de generosos centímetros de distancia.
Sus labios se aprietan en una fina línea, una que me gustaría mucho destensar usando...
一No puedo creer lo que has hecho 一masculla y recuerdo, por el tono tosco y seco de su voz, que está enojado en serio.
Por más que ahora sujete una bolsa de hielo que Roger nos dio para aminorar las consecuencias del golpe y no me haya mandado a la mierda cuando le pedí que él la sostuviera. Sí, su pequeño acto de benevolencia me tomó desprevenido. Pero a su vez creó una sensación cálida y esperanzadora dentro de mi pecho.
Lo cual hace que, contra todo pronóstico en donde hago uso de mi sanidad mental y la lógica, no me arrepienta de nada de lo que hice la última media hora.
Recapitulando, esto ni siquiera es culpa mía. Sino suya. En medio de nuestro juego de poder sobre el billar, la discusión de una pareja se tornó más acalorada y volátil en menos de un minuto. Todos en el bar habían guardado silencio para clavar sus ojos en ellos y Roger tuvo que abandonar el mostrador para pedirles silencio. Entonces, el tipo de casi dos metros que protagonizaba dicho momento, hizo un comentario bastante despectivo y luego tuvo el descaro de tomar a la chica del brazo y hacer el intento de tirar de ella de una horrible manera.
Fue Saint quién se movió primero.
El que se interpuso entre el dueño del bar y el mastodonte con cara de aplastar a sus enemigos con un solo movimiento del pie.