Si hay algo que Saint Van Doren odia más que perder, es tener que hacerlo siempre contra Ethan Mc Clarence. Mientras que para éste, la rivalidad con su declarado némesis académico es lo único que lo mantiene a flote en su fría existencia.
Y hará lo...
Estás provocando una nueva era, quiero que lo sepas.|
Vampire Disco - Friday Pilots Club
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Saint Van Doren es un hueso duro de roer.
Lo sé desde nuestro primer día juntos encerrados en una pequeña habitación residencial que bien podría haber sido del tamaño de mi baño. Ese hecho, aunque me haga sentir como un bendito potus que solo puede recibir golpes hasta romperse la mayoría del tiempo, también me motiva a seguir rondando a su alrededor. En su cabeza, mi determinación no es suficiente como para darme la victoria, así que tal vez me tome muy en serio el trabajo de recordarle contra quién se está enfrentando.
Que, si quería 一y quiero一, puedo llegar a ser tan persistente y competidor como él.
Saint es la única pieza que no fue colocada por otra persona sobre mi juego de ajedrez. Apareció de un día para otro y, contra todo pronóstico, permaneció hasta el punto en donde yo dejé de ver una vida en donde él no estuviera cerca. Pero no puedo hacer uso de él, no puedo moverlo de un lado a otro esperando usar su inteligencia para ganar partida contra mi oponente universal. Simplemente existe, me recuerda que no todo puede ser planeado y que mi apellido no es la razón de cada cosa a mi alrededor.
Va en contra de todo lo que mi familia representa, posicionándose en un lado mucho más esperanzador. Es mi lado esperanzado, en realidad. La mota de luz en un abismo lleno de codicia y cruel ambición. Sí, somos competitivos el uno contra el otro. Pero no porque queramos destruirnos mutuamente 一no de la forma en la que mi padre destruye a sus enemigos一, sino porque ese juego es descomunalmente estimulante.
Y, si Dios me perdona la mala palabra, vivo por cada maldito momento en donde tengo a Van Doren contra las cuerdas. Y él, lejos de rendirse, solo me empuja a resistir ahí con todas mis fuerzas.
Cuando llegamos al campus, un correo inesperado de su profesor de Econometría pone a Saint de un peor humor y lo lleva a dejarme plantado en el estacionamiento. Hubo un extraño momento en donde no supimos cómo despedirnos, porque para el informe oficial jamás lo habíamos hecho. La dinámica consistía en que él pasaba de mí después de una pelea como si yo no fuera más que una hormiga en su camino y yo me mantenía sonriendo como todo un idiota mientras lo veía irse.
En ese momento, pude ver la duda en sus ojos marrones y ligeramente rasgados, como si no supiera qué hacer a continuación. Y la sonrisa que creció cuando me dio la espalda no me abandonó ni siquiera horas después.
一Dios, ni siquiera me estás escuchando.
Ryan me lanza un lápiz negro para llamar mi atención y yo parpadeo, ligeramente perdido en la conversación que estábamos teniendo. O que él tenía, porque yo apenas conjuré palabra las anteriores dos horas.