| Capítulo VII |

1.4K 190 36
                                        

|Dijiste que no lo decías en serio cuando cruzaste esa línea.

Tienes sangre en las manos pero ¿el castigo se ajusta al crimen?|

See Red - Swim School

Conozco más de Mc Clarence de lo que quiero admitir

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Conozco más de Mc Clarence de lo que quiero admitir.

Sé de su estricta rutina antes de dormir, que lo hace boca abajo y que, a pesar de que cuando se acuesta cubre todo su cuerpo con la manta, dos segundos después de haber caído en la inconsciencia termina lanzando la misma a la mierda. Sé que desayuna como si fuera a liderar un batallón y que leé libros de dudosa moralidad y relaciones saludables escritos por adolescentes con mucho tiempo libre. También sé, en contra de toda la voluntad que puedo poseer, que odia cuando le llevo la contraria en temas que ambos sabemos tiene la razón.

Lo que jamás pensé conocer, es su forma de besar.

El cómo se siente la presión furiosa de su boca contra la mía o el agarre determinado de sus manos en mi cabeza. En cómo es que te quite el aliento y haga que todo pierda sentido por completo. Y es que en un segundo, me arrebata todo el control e intercambia lugares. Mi espalda choca contra la pared que antes lo encerraba a él sin ningún ápice de delicadeza y el aire se escapa de mis pulmones. Él lo absorbe. Él lo secuestra.

Un suspiro que jamás debí haber dejado salir.

Y es como si alguien le hubiera bajado el volumen al mundo de golpe. Todo espectro de sonido o vida queda tras un velo pesado de confusión y shock. De calor. Uno que sube por mi cuello o que, en realidad, nace desde el punto en el que sus labios entran en contacto con los míos y se extiende por el resto de mi ser. Algo parecido a la lava se mezcla en mi sangre junto a la ira y a la frustración anterior.

La sensación me marea y me aturde por completo. Hay algo irremediablemente apagado en mi cerebro que hizo corto circuito cuando él decidió que yo iba a ser la causa de su diversión.

Hasta que un poco de lógica aparece, un suave empujón que termina conmigo recuperando la compostura y cayendo en lo que está pasando. En lo que él está haciendo. Mis manos encuentran el camino hasta su torso mientras sus dedos se hunden en mi cabello. Un cosquilleo nace en mi nuca cuando lo hace, y entonces lo empujo.

El caos regresa con la fuerza de una ola violenta y, aunque lo intento, no logro volver a respirar. Todo mi cuerpo parece perder estabilidad por un segundo en el que las luces se ven demasiado brillantes y la noche demasiado ruidosa. En el que me doy cuenta de su ausencia y del cosquilleo que permanece en mi boca y el resto de la piel que estuvo en contacto con la suya. Apoyo la espalda contra la pared, totalmente anonadado y desequilibrado.

Hay un pitido en mis oídos que amenaza con romperme los tímpanos.

Con los ojos bien abiertos, dirijo mi atención hacía Mc Clarence. A solo un par de pasos de distancia, parece como si el besarme hubiera provocado que perdiera parte de su alma. Tiene, al igual que yo, los ojos demasiados abiertos y una expresión pálida y enfermiza. Como si alguien le hubiera contado el peor secreto del universo.

De Perdedores y Otras CatástrofesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora