Si hay algo que Saint Van Doren odia más que perder, es tener que hacerlo siempre contra Ethan Mc Clarence. Mientras que para éste, la rivalidad con su declarado némesis académico es lo único que lo mantiene a flote en su fría existencia.
Y hará lo...
Aunque con la forma en la que actúo, podría parecer así.|
Safe in the Rain - Eaj
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Elena no hace ademán de levantar el teléfono para anunciarme cuando me ve llegar, sabe que no voy a entrar. Al menos, no aún.
Un viejo ventilador de techo gira sobre nuestras cabezas con un chirrido que, al principio, me molestó demasiado. Ahora, varios meses después, ayuda a calmar el ansia que crece en mi pecho cada vez que llega este momento. Cuando todo a mi alrededor se siente tan difuso que debo buscar otra vía para sentir que no voy a irme por completo a la deriva.
一No funciona así 一dijo una vez la mujer sentada tras el escritorio de recepción, hace un par de semanas. Ese día, como ahora, no se molestó en levantar la mirada de su celular 一. Debes ser constante.
Ni siquiera me irritó su intento por meterse en mis asuntos. Siempre que vengo, la energía de mi psiquis está tan baja que mi orgullo y terquedad quedan completamente relegados a un lado. En su lugar, hay un vacío en mi pecho que se extiende hasta mi estomago, por mis pulmones. El aire es insuficiente porque jamás logro respirar como se debe y mis músculos tiemblan porque la comida apenas es suficiente para evitar que desfallezca.
Además, Elena tiene razón.
Pero aunque lo acepto, sigo sin ser capaz de hacer ese cambio.
Así que ignoro los recordatorios que el doctor Garrahan me envía por email hasta que la sensación es insoportable. Hasta que vuelvo a aceptar la verdad y me arrastro con mis últimas fuerzas esperando que, esta vez, sea la última.
La voluntad que necesito no me encuentra y me quedo sentado en una incómoda silla frente a la puerta del consultorio por lo que parece una eternidad. Y el ventilador sigue girando en un pobre intento por disipar el calor del ambiente, en un pobre intento de recepción con paredes beige y una planta de plástico que no engaña a nadie y que, aún así, fue elegida por alguien.
Inspiro profundo. El reloj de caracol a un lado de la puerta caoba marca las cinco y veintisiete de la tarde y debajo del mismo, un cartel cutre dicta: "Lacan sitúa la melancolía en el campo de la psicosis, y la caracteriza como el dolor en estado puro, el dolor de existir."
Frunzo mis labios, algo incómodo.
一¿Cuando la cambió? 一pregunto a Elena sin dejar de mirar el cartel. De fondo hay una foto de un campo de tulipanes con un viejo molino en el centro.
El diseño no es lo mejor del mundo, pero desde que vengo a este lugar, jamás he visto un cartel que valga realmente la pena. Más porque al doctor le atraen las frases que parecen sacadas de un grupo de terapeutas y filósofos de facebook.
一La semana pasada 一responde la recepcionista con un tono aburrido. Y, como siempre, busca añadir una reprimenda extra a cada oración que me dirige. 一La hubieras visto si asistieras a tus citas, Van Doren.