| Capítulo IV |

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| Estoy perdiendo todo mi autocontrol.

No puedo encontrar mi corazón.

No puedo encontrar mi alma.|

Otherside - Spyres.

Hell 's es uno de esos sitios en dónde todo lo que me rodea fuera de la música desaparece

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Hell 's es uno de esos sitios en dónde todo lo que me rodea fuera de la música desaparece.

Donde el tiempo se detiene y nada importa más que el momento, y donde lo único en mi cuerpo es la sensación de por fin desprenderme de las cadenas que anclan mi alma al mundo real. El espacio, junto a la música y mis amigos son la mezcla perfecta para una hora donde soy completamente libre.

Sin estrés.

Sin ansiedad.

Y sin Ethan.

Cuando la canción termina, mi respiración es un caos y la gente estalla en vítores y en aplausos. Sin embargo, yo no soy capaz de desviar la mirada de los ojos negros del maldito estirado como para disfrutarlo. Y el enojo nace desde el punto en donde su presencia comienza a invadir la mía. Mi corazón late con vigor en mis oídos y, junto al pitido que resuena en mi cerebro desde que tengo memoria, me aturde casi por completo.

Trago con fuerza.

Mis manos tiemblan cuando me saco la correa de la guitarra y la dejo en su soporte. Mi garganta está seca y hago el pobre intento de respirar con normalidad. Recuperar el control, me digo. Quitárselo a sus ojos que me persiguen mientras Ems anuncia nuestro descanso.

Hago caso omiso a la mirada preocupada que me lanzan Carter y Joan cuando comienzo a bajar del escenario sin esperarlos, casi huyendo del foco en realidad. Un calor distinto al del ambiente me invade, rememoro la seriedad de su expresión y la patética forma que siempre tiene de encuadrar los hombros para verse más grande. Incluso con la ropa de niño pijo y mimado, Ethan no se ve fuera de lugar entre los clientes habituales de Hell 's.

Es más, hasta parece que le pertenece.

Todo.

Incluido yo.

Me pregunto si al final del día, su rostro no duele a causa de la tensión que sostiene durante horas en su expresión. Una que solo he visto desaparecer cuando lee, o cuando sonríe con perversidad ante una nueva idea para amargarme la vida.

Suelto un quejido y refriego mis ojos antes de salir de la vista del público, tras bambalinas. Mi cabeza es un caos, ¿por qué carajos está aquí? ¿Es que acaso torturarme es su pasatiempo favorito? El pitido en mis oídos se hace insoportable y vuelvo al punto en donde todo a mi alrededor es inestable. Lo único que evita que me pierda en la tormenta, es un hilo que he aprendido a mantener con todas mis fuerzas por el simple y poderoso miedo de no poder volver a la superficie.

De Perdedores y Otras CatástrofesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora