| Capítulo XVII |

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|Nunca tuve un plan, solo un hombre y una misión.

Tú sabes, tú sabes.

Vengo con la policía de los sueños, por si alguna vez me dejas.|

Dream Police - SIENNA SPIRO

Dream Police - SIENNA SPIRO

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Creo que voy a enloquecer.

No, estoy seguro de que estoy haciéndolo.

La oscuridad se cierne sobre mí en cada esquina de mi departamento, de mi habitación. El colchón se hunde bajo mi peso pero no encuentro nada reconfortante cuando ya no debo mantenerme en una pieza. En cambio, siento como si me estuviera hundiendo cada vez más. Con cada extremidad doliendo debido al esfuerzo.

El reloj marca las siete a.m. y apenas vuelvo de rodear unas cinco veces el jardín botánico de la universidad. Cierro los ojos, respirando fuerte por la nariz mientras mi corazón trata de volver a su ritmo normal. Debería ducharme, alejar la fatiga mental con agua helada y continuar con mi rutina. Desayunar lo que marque el menú de la semana —proteínas, creo—, salir antes de las nueve y prepararme mentalmente para las tres clases de esta mañana —porque el tiempo corre en mi contra—.

Y no puedo seguir perdiendo.

Pienso en Saint y en que no fui a verlo el sábado, y que tampoco tuve la fuerza necesaria para enviarle un mensaje de disculpa.

Mi estómago se revuelve. Y no tengo idea si se debe al hambre matutina después del ejercicio o al estrés que me azota estos dos últimos días.

No sé en qué momento caigo rendido, pero cuando vuelvo a abrir los ojos, el reloj en mi muñeca marca las once de la mañana. Un quejido sube por mi garganta pero muerdo el interior de mi boca para no dejarlo salir. Me remuevo en mi cama, con la camiseta pegajosa y un dolor punzante en mi cabeza que se extiende al resto de mi cuerpo.

Me obligo a mí mismo a incorporarme y prácticamente me arrastro hasta el baño en mi habitación donde la luz es demasiado brillante y por un segundo todo da vueltas. Apenas me sujeto del lavamanos y evito a toda costa mi propio reflejo.

Dios, ¿acaso estoy muriendo?

No me sorprendería en lo absoluto.

Así como tampoco no me sorprendería si William Mc Clarence me busca en las fauces del infierno para hacerme volver, solo porque mi muerte no está en sus planes.

Una risa seca se escapa de mi boca mientras me desnudo y me meto bajo la lluvia. Y solo porque hoy no quiero ser cruel conmigo mismo, regulo el agua hasta que comienza a salir tibia. Y otra vez, pierdo la noción del tiempo, se escurre entre mis dedos como el agua de la ducha que ya comienza a sentirse helada.

—¡Ya voy! —grito a mitad del pasillo con el cabello goteando sobre mis hombros desnudos. Suelto un gruñido ajustando los pantalones de deporte en mi cintura y avanzo hasta la puerta principal. Estoy listo para los gritos de mi madre o para la lluvia de insultos de mi padre por haberme borrado todo el fin de semana, pero jamás para lo que encuentro al abrir la puerta. Al rostro que provoca que mi corazón se detenga por un microsegundo —. Saint.

De Perdedores y Otras CatástrofesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora