| Capítulo V |

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|Puede que no sea tan racional pero sé que podría ser mejor.

Pero no importa.

Vernos juntos debe ser un mal sueño.|

Dream Song - Finish Ticket.

Convivir con mis pensamientos los siguientes días fue una completa tortura

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Convivir con mis pensamientos los siguientes días fue una completa tortura.

Incluso entre sueños, la imagen de Saint me persigue como una serpiente que no piensa rendirse hasta hacerme delirar por culpa de su veneno. En algunos, me encuentro con su oscura mirada sobre la mía, buscando la forma más cruel de consumir las partes de mi alma que aún no están a sus pies.

En otros, su rostro está tan cerca del mío que el fantasma de un beso me convierte en un mero juguete a su disposición. Y, en cada uno de ellos, siempre despierto cuando estoy a punto de obtener el esperado contacto.

Con algo vergonzoso entre los pantalones.

Durante el resto del fin de semana y el lunes, tuve que cuidar que mi expresión no refleje nada de lo que los inoportunos pensamientos me provocan. Intento culpar al alcohol por las dudosas decisiones que tomé esa noche, pero la verdad es que no estaba tan borracho como para permitirme a mí mismo mentir al respecto. La realidad es que la cagué de una forma abismal y que, peor a todo lo que he hecho durante estos años para obtener su atención, el vagabundo me atrapó justo en el momento más inoportuno.

E incluso en la privacidad de mi propio departamento siento como su mirada oscura me persigue y me juzga en conjunto de una sonrisa cruel. De esas que solo él sabe invocar.

La suerte que tengo para evitarlo se termina el día de hoy, cuando mi teléfono suena con la alerta de mi próxima clase de toma de decisiones gerenciales. La cual Saint y yo hemos compartido los últimos meses.

Mi camino al aula se define en un conteo riguroso de los pasos que doy, del ritmo apretado de mi corazón y de las ganas que tengo de vomitar por los nervios. Volver a ver al vagabundo después de esa noche es como enfrentarse a una serpiente gigantesca y venenosa en una habitación cerrada y pequeña. No tengo escapatoria ni forma de desvivirme para no tener que afrontar las consecuencias que se acercan como un tsunami en las costas del Caribe. Mi único camino es el que tengo por delante y eso hace que todo a mi alrededor se sienta difuso y claustrofóbico.

Cuando llego a mi destino, mi mirada recorre el salón de clases de arriba a abajo, en busca del vagabundo. La mayoría de los bancos ya están ocupados por otros estudiantes inmersos en sus propios asuntos, disfrutando del pequeño tiempo libre que les queda hasta que el profesor aparezca. No hay señales de Van Doren por ningún lado y, lejos de aliviarme, siento como si el orquestador de todo el universo solo estuviera alargando más mi sufrimiento con la expectativa. Cada tic del reloj es otra gota de sudor en mi nuca, cada paso que doy hasta encontrar un sitio vacío es como caminar por la plancha para saltar a un océano deseoso por engullirme.

De Perdedores y Otras CatástrofesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora