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Al día siguiente después de desayunar con su padre y la familia de este, regreso a casa.
Lo que le mostro Cucurucho y el Código, más el sueño que tuvo junto a sus padres le provocó un fuerte sentimiento que no sabía explicar.
Fit fue al primo que vio al ingresar a la casa.
El alfa pasaba cerca de la puerta cuando Spreen entro, preocupándose cuando vio las ropas del omega y a pesar de la tensión que aún había entre ellos, Fit no dudo en preguntar que le había pasado.
Spreen no le respondió solo lo abrazo, colgándose de él, Fit se sorprendió, pero lo sujeto bien, no dejándolo caer y llevándolo hasta la sala.
—¿Qué te paso?— Nuevamente le pregunto el alfa.
— Me perdí, caí en no sé dónde y termine todo mojado perdiendo mis cosas, Cucurucho me encontró y me dio ropa, pero solo eso, después me encontré con mi padre y me llevo a su casa, estaba cansado así que me quede con él—
En sí, no era mentira todo lo que dijo.
— Está bien me alegra que no te haya pasa nada malo —
Ramón llego de la cocina con un plato de comida dándoselo a su madre.
Spreen lo acepto gustoso, acariciando la cabeza del pequeño. No le iba decir que no a pesar de ya haber desayunado.
— Gracias Ramón —
Ramón solo sonrió en grande.
Fit y Ramón cuidaron del omega todo el día, estaban pegados a él en todo momento.
Spreen no reprocho, se sentía bien, tanto que llego a armar un nido en la sala.
El omega solo los creaba cuando se quedaba solo en medio de su celo.
Cuando el pasaba por su ciclo de celo no creaba ningún nido sino que sus padre creaban uno para el, después de la muerte de su madre apenas de que el ya no estuviera su padre aun se encargaba de preparar uno con todo el amor que le tenía.
La primera vez que su padre lo hizo solo fue doloroso tanto para el como para su padre pero aun así era algo que no dejarían de hacer.
Fit creyó que el omega no lo dejaría acercarse, así que se mantenía a una distancia segura de no invadir el espacio del omega.
Ramón en cambio al no tener esa clase de información, como lo era un nido o un calor, su mente solo de decía que las mantas regadas en el piso de la sala eran para jugar, metiéndose como si nada junto a su madre.
Spreen se sentía a gusto con su hijo, pero sentía que algo le faltaba, supo que o más bien quien le faltaba al ver a Fit observándolos sentado en el sillón frente a ellos.