36. Labios Prohibidos.

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El horizonte se pintaba de lila sin cambiar sus tonos al acortar la distancia. Ondeando bajo el viento, las plantaciones de lavanda perfumaban kilómetros a la redonda, pompones blancos eran formados por las nubes contra el azul del cielo, y el horizonte se delineaba por montes verdes a la izqierda... A la derecha, el reflejo arcoiris de los edificios de coral daba la bienvenida a la ciudad élfica de Gradinha, hacia la costa del Reino Primavera.

El paisaje era un deleite colorido, incluso para el viajero experimentado que conocía de memoria el continente... y para Hope, quien a pesar de sentir la pena atravesando su pecho ante las tierras en las que nació y creció, fue invadido por un alivio nostálgico. El aroma a lavanda y el susurro del viento atravesando los campos junto a ellos, eran lo más parecido a una bienvenida a casa que podía esperar.

Vante era sin duda el más entusiasmado, pasando por alto los amargos días anteriores. El colorido ambiente parecía renovar sus fuerzas, trayendo a la realidad cada historia que el señor conejo llegó a contarle del hermoso Reino Primavera, donde las flores crecían todo el año... «Si tan solo Hope estuviera aquí», soñaba despierto, ofreciendo una enorme sonrisa a la liebre que corría entre las siembras dando saltos sobre los matorrales con agilidad y buscaba tréboles.

Ingenuo, iluso, esperanzado; Vante no perdía la ilusión de conocer al elfo de cabello lavanda, sin saber que lo tenía justo al lado. Comentó su deseo una vez más, sacando una risa al gato blanco que dormitaba hecho una bolita sobre su caballo. Agustino estiró patas y garras, bostezando antes de saltar y flotar alrededor del triste elfo cuyo semblante había decaído a gris abruptamente.

—No puedo traer al original, pero puedo alimentar tus ilusiones con un truquito —ofreció el gato al príncipe, flotando alrededor del elfo que los juzgó con la mirada. ¿Qué pensaban hacer? La sonrisa de colmillitos era tan adorable como cuestionable.

—¡Cierto! ¡Jack es un elfo!! —El príncipe dedujo las intenciones de su amigo gato y aplaudió emocionado en espera de la magia.

—¡Epa! Jack no es un juguete ¿Que tienen en mente? —dudó Louis al ver al gato blanco pintarse el lomo con pompones grises, convertido en una especie de "nube de lluvia". Se hizo una bola sobre la cabeza de Jack, amasando su cabello con las patas parecía que solo iba a enredarlo

—¡¿Quién?! —rió el gato— ¿Yo? No hago nada malo, sólo trato de animarte ¿Cierto Jack?

—Haces cosquillas —río el elfo sin apartar al gatito. Le clavaba un poco las jarras, pero no podía decirle que no si asomaba la cabeza y lo miraba con esos ojitos azules.

Cuando el gato volvió a ser blanco y saltó para flotar en el aire, dejó tras de sí una estela de destellos color lavanda como los campos, la que rodeó la cabellera enmarañada y negra del elfo pintándola del mismo color.

Lindo obsequio o triste ironía del destino, Jack abrió los ojos enormes al ver cabellos lavanda deslizarse gráciles sobre sus hombros. Lo amaba, amaba ese color y lo había extrañado tanto. Una dolorosa sonrisa se dibujó en su rostro... Volver a casa vistiendo los clásicos trajes blancos de su gente, luciendo el largo y hermoso cabello lavanda que solía caracterizarlo, era como un sueño, «Y no quiero despertar». Sin importar como fuera a terminar, ni lo difícil que le resultaba mantener el fuego controlado en su interior; verse a sí mismo como lo que realmente era acariciaba su alma cansada.

Recuperado el brillo de su sonrisa, alzó la vista hacia el gato que flotaba con ojos curiosos a su alrededor, quien ignoraba las emociones que acababa de sacudir con su jugarreta. Con un gesto el elfo lo llamó a acercarse, atrapó la mota blanca en el aire para estrecharla contra su pecho y dejar un beso entre sus orejitas.

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