Chapter 8

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Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.

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Hinata se quedó dormida en el sofá. Sasuke la tapó y limpio los platos. Recordó cuándo compraron esa vajilla. Hinata la vio en una tienda que vendía trastos de segunda mano. Le faltaban la mayoría de las tazas y la jarra de crema, pero su mujer le echó un vistazo y lo consideró perfecto. Tres tazas, una tetera y un azucarero. ¿Lo volvería a mirar igual? ¿Encontrarían cosas nuevas y crearían nuevos recuerdos? ¿Descubriría ella que él no valía la pena en algún momento de la historia?

Sasuke no tenía respuestas. Hinata siempre las tenía. Se hizo un ovillo en el sofá, enterrándose en los cojines y se dio cuenta de que ahora no le importaba. Ella seguía aquí.

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Hinata se sintió enferma. Miró alrededor de la habitación mientras hacía arcadas. Hinata sintió que su cabello se movía hacia atrás y su cuerpo se inclinó. Vomitó en el cubo que le acercaron.

—Lo siento —se las arregló para decir.

—No puedes evitarlo —Sasuke le frotó la espalda mientras ella seguía vomitando en el cubo.

Hinata dejó el cubo en el suelo, echando la cabeza hacia atrás para respirar con cuidado.

—¿Podemos salir?

—Sí —Sasuke la levantó, le puso la manta debajo y la sacó al porche trasero.

Hinata tomó una bocanada de aire limpio, exhalando un par de veces antes de que pudiera sentir la sangre dejando su rostro.

Sasuke pasó una mano por su nuca, alisándole el cabello. Ella se apoyó en él, cerrando los ojos para mantener a raya las náuseas.

—¿Al final comí con Sakura-chan? —Hinata intentó pensar en otra cosa que no fuera lo mareada que estaba.

—Sí —Sasuke la rodeó con el brazo para sostenerla, apoyando la otra mano en el porche junto a ella.

—¿Qué tal fue?

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Sasuke no esperaba volver a ver a Hinata, así que poco después, ella preparó la cena en su casa, sin incidentes. Él se había enfurruñado en la encimera mientras ella trataba de encontrar los utensilios adecuados para cocinar. A él le divertían sus murmuraciones. Comieron en silencio, algo que a él no le resultó incómodo, pero que tampoco le resultó familiar.

Al día siguiente tocaron de nuevo a su puerta, dispuesto a decirle a quienquiera que estuviera allí que saltara de la montaña Hokage, pero en vez de eso la encontró con la cabeza gacha, mirando una caja que tenía entre las manos.

—¿Hinata? —preguntó Sasuke, confuso.

—He hecho tomates aliñados —Hinata le ofreció el recipiente con la cabeza gacha.

Sasuke estaba confundido. Hinata estaba empapada por la lluvia. El cabello se le pegaba a todo lo que podía. Su abrigo parecía pesarle, ¿o es que tenía los hombros caídos? Tenía el rostro pálido y las mejillas enrojecidas por el frío. Sasuke no entendía qué la impulsó a caminar bajo la lluvia sin paraguas. Había estado lloviendo todo el día.

—Ve a secarte —Sasuke abrió la puerta y se hizo a un lado.

Una vez que estuvo convenientemente seca, volvió, con un aspecto un poco menos triste, pero seguía sin mirarlo a los ojos.

Recuerdos Color LavandaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora