En los días que siguieron, nuestra relación apenas había cambiado, salvo por esos pequeños gestos que se volvían cada vez más significativos. Cuando nos cruzabamos en el trabajo, Benjamín me saludaba con un beso en la mejilla y un abrazo que parecía detener el tiempo. Incluso nos habíamos quedado un par de noches despiertos hasta tarde conversando por teléfono.
"No iba a hacer nada que no quisieras", fue lo único que dijo sobre nuestro pequeño no beso intenso en el Lago.
Aunque a veces me asustaba la rapidez con la que avanzabamos, me gustaba el hecho de saber que éramos temporales. Que lo que pasaba entre nosotros llegaría a su fin y que era algo solo nuestro. Por lo que valoraba mucho esos instantes efímeros con él.
Solo Ramiro parecía percatarse de ello. "Te trata de manera completamente diferente a los demás", comentó con una mirada cómplice.
"Me abraza como a todos, siempre ha saludado de esa forma", me apresuré a negarlo.
"Querida, si Benjamín me abrazara a mí de la forma en que te abraza a ti, seguramente estaría embarazado", ambos nos reímos a carcajadas por su comentario. "Por cierto, ¿cómo está tu novio?"
Aquella pregunta me sorprendió, dejándome sin palabras por un instante. A pesar de la creciente tensión entre Danny y yo en nuestras conversaciones diarias, ninguno de los dos se atrevía a abordar el tema de frente. Yo no me sentía preparada para ello, ni siquiera sabía con certeza qué era lo que buscaba. Suponía que él prefería esperar a que regresara al pueblo y pudiéramos hablar cara a cara.
"Oh, bueno. Está terminando un curso de escritura, así que está bastante ocupado. ¿Por qué lo preguntas?", respondí intentando disimular mi inquietud.
"Nada en particular. A veces te veo mirando el teléfono desanimada, como si estuvieras esperando un mensaje que nunca llega", mencionó, dejándome sin palabras. "No quiero entrometerme, Olivia, pero es evidente cuando alguien no está siendo feliz. Solo quiero aconsejarte, como alguien que te aprecia sinceramente, que mereces algo mucho mejor. Y me refiero a esos dos hombres en tu vida".
"No tengo dos hombres", afirmé. "Benjamín es solo mi amigo, y aunque admito que hay una gran química entre nosotros, sé que no pasará nada. Él está comprometido, lo sabes".
"Eso es precisamente a lo que me refiero, querida. Ninguno de los dos parece poder ofrecerte la vida que te mereces. Por eso te insto a que elijas sabiamente en qué invertir tu tiempo y energía, porque ninguno de ellos, por mucho que te quieran, parece estar a la altura de lo que tú vales".
Las conversaciones con Ramiro siempre dejaban en mí una nueva inquietud. El hecho de que mencionara que tenía "dos hombres" me hizo cuestionar cómo me percibirían los demás. ¿Estaba teniendo algo más que una amistad con Benjamín? En ese instante, comencé a recordar los momentos compartidos con él: que aunque hubiesen más personas en la habitación me acariciara hasta quedarme dormida recostada a su lado, las largas conversaciones hasta altas horas de la madrugada, los abrazos que quería que duraran mil años, las insinuaciones de atracción mutua. Todo parecía inofensivo, pero ¿hasta qué punto era todo un juego?
Así que esta noche, inmersa en otro episodio de desequilibrio existencial, empecé a cuestionarme el por qué de todo. ¿Por qué siempre volvía a él? ¿Por qué disfrutaba tanto de su compañía?
La respuesta llegó más clara que el agua: me gusta Benjamín. Podía negarlo una y otra vez, podía actuar como si no fuera algo importante. Pero solo había una conclusión irrefutable: me gusta él.
A partir de ahí, surgió la pregunta más crucial: ¿por qué él?
Cada vez que lo miraba, esa pregunta retumbaba en mi cabeza, ¿por qué me gusta? Podía estar minutos analizando su rostro. Sin duda, es lindo, pero, ¿era su belleza lo que despertaba mi atracción? Es divertido, pero ¿era su sentido del humor tan cautivador? Es inteligente, pero ¿tan inteligente para que me genere todos estos sentimientos? Cada característica que encontraba de él parecía desafiar mis dudas, no era suficiente, no hallaba razones para que me gustara.
"Últimamente me miras demasiado", dijo él una noche mientras estábamos sentados en el sofá de mi casa, nuestras piernas entrelazadas y nuestras manos rozándose de vez en cuando, mientras hablábamos de tonterías en general.
"No se por qué me gusta estar contigo", confesé, mientras lo miraba fijamente a los ojos.
"Porque te gusto", respondió con esa seguridad típica de él.
"Pero no se por qué me gustas" expresé, realmente confundida.
Él sonrió, luego se acomodó mejor en el sofá de manera que quedamos frente a frente, "No existen razones concretas. Si alguien te gusta no es por su físico, o su personalidad, es decir, eso ayuda, pero en realidad no hay razones. Es algo más profundo, algo que no se puede explicar con palabras. Lo sientes y ya está".
En ese momento me di cuenta de que tenía razón y finalmente pude aceptarlo. Me gustaba Benjamín y disfrutaba compartir estos momentos fugaces con él. No teníamos que impresionarnos el uno al otro. No buscábamos eso. No queríamos nada más con el otro. Simplemente pasábamos el rato, nos hacíamos bien, entre tanto caos y desorden, éramos la calma momentánea del otro.
"Tengo otra pregunta", mencioné durante otra de nuestras veladas nocturnas.
"Adelante" respondió calmado.
"¿Recuerdas mi primera semana?", inquirí mientras me rodeaba con sus brazos, acerándome aún más a él.
"Si" respondió, su mirada fija en mí.
"Dejaste de hablarme de la nada. Incluso creí que me evitabas, ¿por qué?".
"En realidad si te estaba evitando" reveló sin titubear.
"Pero, ¿Por qué?" pregunté, realmente ansiosa por saber la respuesta
"¿No te diste cuenta? Desde el primer momento en que te vi, me gustaste. Pero somos compañeros de trabajo y sabía que no pasaría nada. Sin embargo, después de escucharte hablar de lo que amas, decir con tanta alegría lo que más te apasiona con ese brillo en tus ojos marrones. Tuve que salir de ahí, Olivia, me gustaste muchísimo más y me dio miedo llegar a sentir algo por ti, así que decidí evitarte"
"¿Y cómo te resultó eso?" pregunté entre risas.
"Pues muy mal, porque ahora paso todos mis días y todas mis noches contigo" respondió mientras dejaba un pequeño beso en mi mejilla.
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MIENTRAS NADIE VE
RomanceEstaba segura de lo que quería en mi vida, supongo que sigo estándolo, continúo con los mismos principios, metas y sueños. Pero ahora está él. Bueno, estaba. En realidad, nunca estuvo. Esta es la típica historia de dos personas de mundos totalmente...
