Siempre te amaré

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Pip iba y venía, todo el tiempo, sin parar.

Podía estar quieto en una esquina y de repente se ponía a gritar, yo era el encargado de cuidarle y lo hacía con gusto. Hacía tiempo que tenía la sensación de que Pip pensaba que yo solo le quiera por sexo, al menos ahora le demostraba que no.

Era increíble como podíamos estar desayunando tranquilamente y de un momento a otro veíamos a Pip mirar a la nada y poner una expresión de horror total, normalmente se calmaba con uno de mis abrazos, pero últimamente me cuesta más.

- Tienes que relajarte Philip... solo estamos los dos en esta habitación.- le agarré de brazos y piernas para que no pudiera huir, me costó una hora tranquilizarle, cuando al fin se relajó me miró llorando.

- ¿por qué me pasa esto a mí?

- Por que las cosas malas le pasan a la gente buena.- acaricié su mejilla y le sonreí para que se sintiera más protegido.- dime que ha sido esta vez.

- Siempre es lo mismo, Dam... por un momento todos los sonidos externos se van, todo se vuelve oscuro y recuerdo su voz, insultándome, pegándome...

- ¿por qué quisiste volver si tanto miedo tenías?- le seguía acariciando.

- Me dijo que quería verte... fue mi culpa...

Fruncí el ceño.- ¿a mí?

Asintió.- hubo un microsegundo donde... mientras él me...- suspiró.- el caso es que dije tu nombre... traté de engañarme a mi mismo diciéndome que eras tú el que lo hacía, pero no tuve en cuenta que él lo escucharía.

- Está bien.

- ¿estás enfadado conmigo?

- No, mi amor... ¿que te parece si vamos al parque y nos olvidamos de esto?

- ¿estás seguro que no estás enfadado?

- Philip... tuviste que fingir que te gustaba incluso con nosotros, yo siempre supe que tanto masoquismo te asustaba, por eso me sorprendí cuando llegamos a la casa de ese hombre y me puse tan sobre protector contigo, no quería que nada malo te pasara y fallé, pero ahora no voy a fallarte, iremos a ese parque con ese gran árbol que tanto te gusta, podemos hacer un picnic si quieres, pasaremos la tarde entera ahí y cuando comience a anochecer correremos a casa como dos locos enamorados para que no nos encuentre la noche, ¿como lo ves?

Él sonrió y como era la primera vez que le veía sonreír en meses sentí como mis ojos se aguaron de alegría.

☆☆☆☆

Nos dirigíamos al parque y sonreí al ver que se había puesto su camisa blanca y sus pantalones rojos favoritos.

Al llegar subimos una leve montaña llena de hierba y nos situamos en las raíces del enorme árbol.

Preparé el picnic mientras Pip se subía al árbol.

- ¿te gusta estar ahí arriba, eh?- reí.

- ¡Me siento vivo cuando lo hago!- rió y bajó cuando me vio sentarme con ya todo preparado.

Nos pasamos una larga hora comiendo y riendo, Pip no tuvo ningún episodio así que pensé, por un momento, que esto duraría para siempre.

Ya hacía tiempo que quería pedirle algo, hacerle la pregunta, pero me aterraba siempre que no fuera el momento perfecto, pero ahora lo era, así que me abalancé.

- Philip... sabes que te amo, ¿no?

- ¡Por supuesto!- bebió de su vaso con soda.

- Eres el amor de mi vida y... sabes que siempre digo que todo pasa por algo. Creo que todo lo que el mundo nos ha hecho pasar era para que nos demostráramos mutuamente que pase lo que pase estaremos juntos.- suspiré acercándome a él y le hice sentarse en mi regazo, le acaricié el pecho para relajarle ahora que se había puesto nervioso por mis palabras.- Te amo, Philip...

- Yo también te amo, Damien...

- ¿querrías casarte conmigo?

Sentí el mundo parar cuando noté sus labios en los míos.

- ¡Por supuesto que sí!

Me abrazó y caímos encima de la manta de picnic.

- No tiene por que ser ahora, aún somos muy jóvenes pero tal vez en un año cuando tengamos 18.

- No tenemos por qué esperar, podríamos casarnos cuando yo cumpla 18, tu ya los tendrás y será lo más pronto posible.- hablaba tan rápido y emocionado que me era imposible dejar de mirar.

Pero entonces en un movimiento le pegué una patada a un vaso que acabó por rodar calle abajo la colina.

- Joder.- reí y me levante, viéndole tumbado y riendo.- ¡ahora vuelvo!

Corrí colina abajo lo más rápido que pude, oía a Pip reír ruidosamente incluso desde aquí, busqué el vaso por todas partes pero no lo encontré, incluso le dio tiempo a Pip para relajarse por que ya no le oía reír.

Cuando encontré el vaso me di cuenta de lo alejado que estaba de la colina, podía ver el aparcamiento, me fijé en uno de los coches, ya que el lugar estaba casi vacío, pero sobretodo me fijé en ese coche, Rolls Royce negro con las iniciales T.B en amarillo en ellas.

Se me bajó la presión, noté mi piel pálida y tiré el vaso al suelo, rompiéndose en pedazos mientras corría a la colina de nuevo.

- ¡NO NO NO NO! ¡POR FAVOR NO!- grité corriendo lo más rápido que pude, mientras las inminentes lágrimas me tapaban la vista, algo en mi me decía que parase, que me faltaba el aire, que igualmente ya era demasiado tarde, pero no paré.- ¡PIIIIIP! ¡PIP CORRE! ¡PIIIIIIIIP!- mi voz se escuchaba rota, las lágrimas corrían por mis ojos.

No podía ser, justo ahora, cuando todo iba a mejorar, al fin todo había acabado... o no.

Y como me temía, ahí le vi, subido a ese árbol, solo que esta vez, en vez de estar sentado, estaba colgado por una soga.

Sin perder un segundo traté de subirme al árbol pero mis ojos estaban tapados por las lágrimas. Caí y me raspé la pierna gravemente pero no me importó, trepé hasta llegar a él.

Después de unos eternos minutos logré tumbarlo en el suelo, hice todo lo que pude para reanimarle pero ya era demasiado tarde, no despertó.

Lloré y grité por horas con mi cabeza en su pecho, no podía escuchar su corazón latir, no paraba de pensar que hacía poco su corazón latía frenéticamente y ahora... simplemente...

- ¡VENID A POR MI! ¡MATADME A MI PERO DEJAD A LA GENTE QUE AMO EN PAZ!- grité y me desahogué por más y más horas pero no ayudaba, yo solo quería a mi Philip de vuelta, al amor de mi vida, y era lo único que no podía lograr.

Me quedé afónico de tanto gritar y solo pude llorar mientras abrazaba su frío y pálido cuerpo, lo puse una manta por encima y me acurruqué con él.

Hice algo que por la ilusión y emoción no hice, rebusqué en mi bolsillo y saqué el anillo... plateado con un corazón rojo, uno en el que él se fijó una vez, agarré sutilmente su mano y se lo puse.

- Siempre te amaré...- le susurré en el oído y me dormí a su lado.

Solo esperaba que el mundo, por una vez fuera benevolente y que al día siguiente yo no despertara. Pero como era de esperar de este cruel mundo de mierda, desperté.

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