Myrtle la fastidiosa

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Draco había estado evitando a sus mejores amigos después de clases, no estaba en las mejores condiciones como para enfrentarse a las miles de preguntas que le harían sus amigos.

Estaba acostumbrado a que los chicos le hicieran constantes preguntas, preocupados por el cambio de humor y de actitudes que había tenido a lo largo del año, pero siempre tenía una buena excusa para cada pregunta y hacia calmar ligeramente la preocupación de los chicos. Pese a los años de amistad, no se sentía listo para hablar con ellos sobre sus sentimientos, y más que nada sobre sus miedos, y no era porque no les tuviera la confianza suficiente, esos tres chicos eran como sus hermanos y confiaba ciegamente en ellos, pero por alguna razón tenía miedo de ser juzgado por ellos.

Así que al salir del salón de pociones, Draco caminó con rapidez lejos de ahí, ignorando los gritos de Pansy a sus espaldas tratando de llamar su atención hasta que al subir por las escaleras la chica le perdió el rastro, estando tan perdido en sus pensamientos que no se había percatado de que había terminado en el baño de niñas.

Draco conocía perfectamente el lugar, solía ir ahí cuando sufría de alguna crisis emocional, ya que nadie se pasaba por ese baño que se encontraba en el segundo piso y podía estar ahí sin preocuparse de que alguien lo viera en su momento de debilidad.

Pero no tenía muy en claro el porque estaba ahí ahora. No había tenido discusión con su padre, tampoco había recibido una nueva carta de su parte y mucho menos había tenido una pesadilla o un mal recuerdo, solo se sentía ansioso, como si su corazón estuviera a nada de abandonar su pecho, pero no sabía la razón.

Caminó por el interior del baño hasta llegar a los lavamanos, haciendo una mueca al ver su rostro reflejado en el espejo, se veía horrible. Sus ojos se veían apagados, las ojeras bajo estos delataban sus nulas horas de sueño, su rostro se encontraba más pálido que de costumbre y podía notar que se veía un poco más delgado.

Era increíble como se había descuidado física y mentalmente.

Había escuchado a varios de sus compañeros murmurar cosas sobre su deplorable aspecto físico cuando pasaban a su lado, al igual que algunos comentarios de parte de sus amigos, pero ellos se lo decían directamente y no con el objetivo de hacerlo sentir mal, era más bien para hacerle saber lo preocupados que estaban por él. Podría llegar hasta ser ridículo el miedo que tenía Draco de ser juzgado por sus amigos, siendo que ellos sabían que el rubio había aceptado convertirse en seguidor de el señor tenebroso, al igual que lo serían ellos cuando fueran llamados para servirle, pero la diferencia era que Draco no lo haría porque el quisiera, si no por presión por parte de su padre.

A Draco le aterraba la idea de ser un mortífago, pero le aterraba más decepcionar a su padre.

Había pasado noches de desvelo, estudiando para mantener a su padre orgulloso y feliz por su promedio perfecto, y de paso también mantenía su mente distraída de todo pensamiento negativo, manteniéndose despierto lo más que su cuerpo se lo permitía, porque aquel horrible recuerdo le atormentaba en sus sueños.

— Draco Malfoy nuevamente está tratando de evadir sus problemas —habló, o más bien gritó, una voz chillona interrumpiendo sus pensamientos e inmediatamente identificó a la dueña de esta; era Myrtle.

— No estoy de humor —Draco levantó la mirada, mirando al fantasma por el reflejo del espejo.

— Tu nunca estás de humor —el cuerpo fantasma de la chica se acercó flotando al rubio, quedando junto a él y volvió a hablar, pero esta vez en un tono más calmado— ¿Otra vez tu padre?

Draco negó y agachó la cabeza nuevamente.

— Snape nos dejó un trabajo en parejas.

La chica le miró con curiosidad y volvió a hablar.

Lumos | DrarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora