Manzana roja

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Las vacaciones navideñas estaban a la vuelta, los días habían transcurrido con calma, o eso era lo que Draco quería aparentar.

Después de aquella conversación que había tenido con Myrtle en los baños, había estado más distante de lo normal, se saltaba con más frecuencia las comidas, al igual que las clases, evitaba conversaciones largas con sus amigos y las constantes preguntas por parte de Theodere, ¿por qué? bueno, como ya era de costumbre, ni él sabía la respuesta.

Aunque Draco pensaba que la gente se daría cuenta de aquellos sentimientos que finalmente había aceptado por el azabeche, como si dominar la legeremancia fuera tan sencillo, y bueno, no estaba tan alejado de la realidad.

El nuevo comportamiento del rubio había dado de que hablar, sus amigos habían notado la nueva actitud que Draco había tomado específicamente con Harry "el elegido" Potter.

Cómo el profesor Snape había dicho, las parejas para el proyecto se quedarían hasta finalizar el año escolar, así que Draco y Harry se sentaban juntos en todas las clases y no, ya no había disgusto o molestia por parte del Slytherin.

Draco no lo admitiría, pero disfrutaba de la compañía del azabache y en definitiva si hacían un buen equipo juntos, tal vez Harry no prestaba la suficiente atención a Snape cuando daba indicaciones, pero si lo hacía cuando Draco le repetía lo que harían.

Entre el rubio y el azabache se había formado algo así como una extraña amistad, dónde únicamente se hablaban en clase de pociones y se dedicaban miradas discretas, según ellos, en los pasillos. Habían establecido una tregua sin siquiera haberlo dicho en voz alta. Los insultos y burlas por parte de Draco hacia el azabache habían sido reemplazados por risas nerviosas y sonrojos.

Y eso nadie lo pasó por alto, y como era de esperarse, los chismes se comenzaron a crear, pero extrañamente eso no le afectó al rubio.

En años anteriores seguramente Draco hubiera hecho una rabieta gigantesca al escuchar aquellos rumores donde lo emparejaban sentimentalmente con el azabache, ahora solo le causaba ilusión escucharlos.

Si el Draco de segundo año se enterara de esto, estaba seguro de que le miraría con horror.

Draco rió ante aquel pensamiento, ganándose miradas curiosas de algunos alumnos a su alrededor y ganándose uno que otro "shh", se le había olvidado que se encontraba en la biblioteca.

- ¿Qué hay entre tú y el cuatro ojos? -habló el azabeche sentado frente a él, robándose su atención.

- ¿Potter? -preguntó frunciendo el ceño ante la confusión- es mi compañero de pociones.

- Lo rumores no dicen lo mismo.

Draco cerró el libro que, antes de perderse en sus pensamientos, leía y lo dejó sobre la pila de libros que había traído su amigo.

- Los rumores son solo eso, Theodere, rumores.

- Los rumores no solo parecen ser rumores.

El rubio enarcó una ceja, curioso ante las palabras de su castaño amigo.

- No es algo que solo yo piense, los chicos igual lo han notado, Draconis -continuó el castaño- sigues distante con todo el mundo, pero algo en ti ha cambiado.

- Algo obvio, se llama adolescencia.

- Se llama enamoramiento -le corrigió haciendo que le mirara con una mueca exagerada de sorpresa- somos tus mejores amigos, te conocemos más de lo que te conoce Severus o tus padres.

Quiso reclamarle, contradecirle, decirle que lo que decía era una idiotez, pero la mirada seria que le dedicó le hizo callar.

- Solo te sonrojas cuando tu madre te besa la mejilla y te halaga, o cuando Severus te despeina y te dice que sigues siendo su niño, también odias repetir las cosas, pero eso al parecer no aplica con Potter en pociones -recordó Theodere haciendo que desviara la mirada hacia otro lado- le podrás mentir a todo el mundo, pero a nosotros nunca.

Lumos | DrarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora