Manzanas con caramelo

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Los elfos corrían de un lado de la cocina al otro, llevando en mano ingredientes y platillos ya elaborados para el almuerzo, los alumnos estaban por llegar de sus largas vacaciones y todavía había mucho por hacer.

Cada elfo estaba concentrado en realizar lo que se le había ordenado, cuando una voz los interrumpió, haciéndolos dejar de inmediato sus tareas para prestar atención a la mujer que iba entrando por la cocina junto a un joven azabache.

— Esto tiene que ser rápido, Harry, no podemos atrasar el almuerzo, tus compañeros no tardan en llegar —habló la mujer mientras caminaba hacia uno de los gabinetes de la cocina, haciéndoles un gesto con la mano a los elfos para que continuaran con sus labores.

— Lo sé profesora McGonagall, por lo mismo solo serán las manzanas —dijo el pelinegro mientras dejaba la canasta que llevaba sobre una de las mesas del lugar, la canasta estaba llena de manzanas verdes— también quería preparar una tarta, pero es más tardado.

La mayor asintió dejando las tabletas de caramelo junto a la canasta para después pedirle a uno de los elfos que le trajera una olla para preparar el caramelo.

— La podemos preparar en otra ocasión, solo avísame para acompañarte y evitar que te metas en problemas por estar sin supervisión de un profesor.

El azabache le agradeció con una sonrisa a la mujer mayor a su lado, tomando nuevamente la canasta para ir a lavar cada una de las manzanas por su cuenta.

Ese día en la mañana Harry había amanecido de un humor extrañamente agradable, se encontraba feliz porque las vacaciones de navidad finalmente habían terminado y vería nuevamente a sus amigos, pero sobre todo le emocionaba ver nuevamente a cierto rubio.

Harry había conseguido, junto con la ayuda de Hagrid y la profesora McGonagall, los regalos perfectos para cada uno de sus amigos; en Hogsmeade McGonagall había encontrado los caramelos favoritos de Ron y de Neville, y Hagrid le ayudó a conseguir libros sobre animales mitológicos y criaturas mágicas para Neville, libros sobre historia de las brujas para Hermione y un ajedrez de cristal para Ron, pero no había conseguido algo para el rubio.

Y no es que no haya buscado algo para él o se le haya olvidado, Hagrid y McGonagall le habían dado distintas opciones de regalo que iban desde libros hasta joyas, pero Harry pensaba que eso sería algo repetitivo para el rubio, ya que bueno, el rubio estaba lleno de joyas y tenía una biblioteca que era más grande que la casa en la que había crecido el azabache.

Se había pasado días pensando que regalarle al chico que no fuera algo que ya tuviera, pero no se le ocurría nada, hasta esta mañana en el gran comedor. Durante el desayuno, los elfos habían traído tarta de manzana, pero era de manzana roja y a Harry de le ocurrió la grandiosa idea de preparar una tarta y manzanas a acarameladas para el rubio, sabiendo el peculiar gusto que tenía el chico por las manzanas.

Así que una vez que el desayuno finalizó, Harry de apresuró a ir con Hagrid para pedirle de favor que le consiguiera manzanas verdes y a hablar con la profesora McGonagall para que le ayudara con el caramelo.

Ambos estaban al tanto de los sentimientos de Harry por el rubio, Hagrid había sido el primero en descubrirlo, cuando lo encontró afuera de los baños escuchando al rubio teniendo una conversación con sus amigos, inmediatamente Harry quiso poner mil excusas, pero el sonrojo en sus mejillas lo habían delatado y no le quedó de otra que confesarle a Hagrid que había seguido al rubio hasta ese lugar, porque salió corriendo del comedor con lágrimas en los ojos y se había preocupado mucho por el estado del chico.

McGonagall en realidad siempre tuvo sus sospechas, notaba las miradas y sonrisas nerviosas de ambos chicos, pero fue cuando descubrió a Harry haciendo un retrato de un chico muy parecido al heredero de los Malfoy en medio de una de sus clases que lo confirmó todo.

Lumos | DrarryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora