CAPÍTULO DOS - CHARLOTTE GUEST

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EMILY BYRON

Tras un mes trabajando para la señora Guest, solo puedo asegurar que es una gran señora. No solo por su manera de vestir, elegante y a la moda, o sus modales exquisitos. Charlotte Guest es una mujer que sabe llevar la casa, es maravillosa al trato y tiene una relación con su marido que me recuerda a la de mis padres, cuando ambos vivían, a pesar de que ambos provienen de familias muy respetadas en la alta sociedad.

Se nota, desde el primer momento, el amor que se procesan ambos cónyuges y la complicidad que existe entre ellos.

Además, la señora Guest es una señora cultivada, que ha viajado por Europa y entiende que la mujer, además de ser buena esposa, puede aportar mucho más al mundo de los hombres. Ella fue la que me recomendó que leyera a Mary Wollstonecraft, a pesar de que, tras la publicación de las memorias que publicó su marido después de su muerte, la reputación de Wollstonecraft no ha gozado de muy buena salud entre los ciudadanos más respetados.

La señora siempre está ocupada por la mañana, por lo que la acompaño unas horas cuando el sol comienza a descender. Normalmente, le leo algún libro en voz alta o tan solo hablamos de lo primero que a la señora se le pasa por la cabeza.

Le gusta que le lea todo lo referente al nuevo continente; sobre todo le interesa Boston y el estado de Massachusetts porque su hijo William está cursando sus estudios superiores en ese estado.

—Cuando regrese mi William, le pediré que me enseñe a jugar a ese base ball que tanto le apasiona últimamente. Seguro que a mi esposo le entusiasmará aprender, puesto que es muy aficionado al críquet, y mi hijo me ha escrito en su última carta que los dos deportes se asemejan mucho.

—No será tan fácil, mi señora, puesto que tengo entendido que se necesita una veintena de personas para poder jugar al críquet —le contesto, con mi modesta opinión.

—Seguro que el señor Guest y William consiguen reunir a las personas necesarias para poder jugar. Mi esposo tiene muchos amigos deportistas y mi hijo —hace una pausa para soltar un suspiro— es conocido por todos. Siempre ha sido un chico muy dado a la conversación —me hace saber Charlotte Guest.

—¿Sabe ya la señora si la visitará en los próximos meses? —le pregunto, porque sé que a ella le encanta entablar una conversación en la que su hijo sea el protagonista.

—En su última carta me ha contado que está intentando organizar todo en América para regresar a Inglaterra. Al fin y al cabo, este año acabará sus estudios y no tendrá obligación alguna para ausentarse por más tiempo en su país. Después de la muerte de su hermano mayor, intentamos que continuara en una universidad inglesa; sin embargo, había invertido en algunos negocios que requerían su presencia y solo ha venido a vernos unas pocas semanas en verano.

Es fácil de percibir que la señora Guest aún sigue afligida por la muerte de su primogénito. Así que la primera semana que llegué a la casa, Susan, la cocinera, me contó la triste historia del accidente mortal del hijo mayor de la familia.

Hace dos años, con apenas veintidós primaveras, el mayor de los hijos de los Guest se encontraba paseando en Benston junto a un amigo y vecino dos años mayor que él. El vizconde de Bearsted le pidió a su cochero que acelerase la marcha y, a los pocos minutos, perdió el control del carruaje, lo que llevó a un aparatoso accidente que se cobró la vida de ambos jóvenes.

Los padres del joven Guest quedaron destrozados y su hermano, que estaba en un barco rumbo al viejo continente, ya que habían empezado las vacaciones de verano, llegó tres días después del fatídico suceso.

Durante dos meses, William se hizo cargo de la casa y de todos los negocios de la familia, puesto que sus padres no tenían fuerza ni para recibir visitas.

Lady in waiting - TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora