WILLIAM GUEST
Es agradable volver a pisar tierra firme. Sin embargo, tanto James como yo estamos encantados con la nave en la que hemos atravesado el Atlántico y que ha hecho posible que el viaje tan solo durase veintiocho días.
Me quedé sorprendido y maravillado a la vez del despliegue de velas del barco y le he comunicado a James mis intenciones de invertir solo en barcos así de rápidos en el futuro.
—¿Qué haces levantado tan temprano? —me pregunta James, cuando entra a mi habitación sin previo aviso.
—Ya llevamos tres días recorriendo las sesenta y cinco millas que separan Brístol de Benston y tengo ganas de llegar a casa —le respondo sincero.
—¿En medio de la noche? Tus padres no te esperan hasta dentro de una semana.
—Ayer por la tarde nos hemos reunido con el señor Davies y no tenemos nada más que hacer en Oxford. Además, imagino que la señora Birth, nuestra vecina, les habrá dado la noticia de que nos ha visto hace una semana en Brístol y les habrá hecho llegar a Gibraltar —le recuerdo.
—Ese endemoniado chucho. No entiendo por qué no se lo dejaste a mi hermano. Anne no se lo dará a tus padres hasta que tú llegues. Sabes que le encantan las sorpresas. Seguro que no se lo ha dicho ni a ese nuevo amante que tiene —me responde James y, a pesar de la oscuridad que aún reina en la habitación, sé que está sonriendo; James y Anne siempre se han llevado muy bien.
—Lo que es una primicia es que tenga una amiga —le digo, mientras termino de vestirme.
—Pamplinas, es la dama de compañía de tu madre, viuda y tiene una niña de cuatro años. Me imagino a una señora con bigote, sobrada de kilos y siempre pendiente de la vida de los demás. No entiendo qué necesidad tiene Anne de amistades así.
—Mi madre la ha nombrado en las tres últimas cartas que me ha escrito y solo tiene elogios para ella y para su hija. Ni siquiera con mi hermano, Edward, ha sido tan benevolente —le respondo.
—¿Crees que intenta ganarse el favor de la señora Guest? —se interesa mi amigo.
—¿Con qué fin?
—Existen multitud de posibles fines, aunque, normalmente, en estas ocasiones van dirigidos a la consagración de un matrimonio beneficioso para la dama.
Llevamos diez días en Inglaterra, pero aún no nos hemos dirigido a Benston porque James se ha empeñado en hacer todo lo que tenemos pendiente estos días y así disfrutar luego de unas merecidas vacaciones.
Por mi parte, estoy más que descansado, ya que en la travesía los días pasan lentos y me he acostumbrado a descansar en el mar, algo impensable para muchos de mis antiguos compañeros de universidad que, en cuanto se los contaba, no daban crédito a mis palabras.
Fue un golpe de suerte que nuestra amiga y vecina Anne Birth estuviese con sus padres en Brístol cuando llegó nuestro barco. Así pudimos disfrutar de su compañía durante dos días. Anne es una mujer muy divertida y la conozco desde hace años, ya que fue la prometida y luego la esposa de nuestro querido Roger, un amigo que falleció junto a mi hermano en aquel fatídico accidente.
Después de dejarlo todo arreglado en Brístol, partimos hacia Oxford, donde llegamos ayer por la tarde. James había concertado una cita con el señor Davies y no pudimos demorarnos más. Ahora que estoy a once millas de la propiedad donde mi madre pasa los meses de verano, no puedo esperar para verla.
Sé que ha sufrido mucho por la muerte de Edward, al igual que todos nosotros; no obstante, en las últimas cartas la he encontrado mucho más recuperada y me alegro de que, poco a poco, lo vaya superando. Un padre no debería ver jamás morir a un hijo.
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Lady in waiting - Terminada
Ficción HistóricaA Emily le ha tocado nacer en la Inglaterra de principios del siglo XIX con una niña pequeña a la que cuidar y alimentar y un futuro incierto. El miedo y la preocupación harán que no se permita soñar con una vida mejor, ya que solo unos pocos afortu...
