WILLIAM GUEST
Han pasado dos semanas desde que Anne nos dejó y poco a poco todo ha empezado a normalizarse en Benston.
El único que no vino al entierro de mi esposa ha sido mi primo. Me pidió disculpas con una carta, explicándome que no podía asistir, puesto que su presencia no era un apoyo para los que sufríamos por la ausencia de mi esposa, sino todo lo contrario.
La última vez que nos vimos, unos días después de que Anne perdiese al bebé, me sinceré con el duque. Le conté que mi amiga se había quedado embarazada del que le había disparado y que accedí a casarme, ya que la persona que me hubiese gustado que fuese mi esposa no me aceptó cuando se lo pedí y tan solo me ofrecía su amistad.
Lo más peculiar que sucedió, tras la muerte de mi esposa, fue que una orquesta sinfónica tocó la Sinfonía número cuarenta y cuatro fúnebre, de Franz Joseph Haydn. Anne lo trató con el notario que, en cuanto se enteró de su fallecimiento, contrató a los músicos para que tocaran después de su entierro. Un poco macabro, pero muy típico de Anne.
De resto, todo continúa como antes de que dispararan a Anne. Sus padres, devastados, han vuelto a su casa, aunque en realidad la he heredado después de la muerte de mi esposa, si bien todavía no hemos ido al notario ni lo haremos hasta pasados unos meses. Aun así, ya les he dicho a los señores Grant que espero de todo corazón que continúen administrando los bienes que poseía Anne como si fuesen de su propiedad. De lo que heredó de Thomas, voy a hacerme cargo yo directamente y James ya ha comenzado a organizarlo todo.
Yo sigo entrando a hurtadillas al cuarto de Emily cada dos o tres días y me duermo con ella abrazada a mí hasta que Susan nos despierta con un ligero toque en la puerta. No lo hago todos los días porque sé que Emily acabaría cansándose de mí y mandándome al infierno. Me muero de ganas por acostarme junto a ella todas las noches, aunque sea para sentir su cuerpo junto al mío, ya que no hemos intimado lo más mínimo, ni siquiera un beso. Hasta en este sentido me he vuelto un idiota.
—No puede permitir que le llame mamá, señora Guest —se queja Emily, posiblemente porque Kate ha vuelto a llamar mamá a mi madre.
—Es una niña, Emily, no se lo tenga en cuenta.
—No le veo la gracia —se molesta al ver que mi madre le sonríe abiertamente, lo cual tengo que agradecer porque ha estado muy triste últimamente.
—Hace diez días, cuando regresó de la casa de los señores Spencer, me dijo que quería tener una mamá como la de su amiguito —le da mi madre como respuesta.
—¿A qué se refiere con eso? —se enfada Emily, aún más.
—Una mamá mayor, que pierda la paciencia, que no tenga ganas de jugar siempre y a la que llorar cuando se muera —le cuenta mi madre divertida, aunque a Emily no le está haciendo nada de gracia lo que le está contando y a mí me parezca de lo más tierno.
—¿No le ha traído James el telar que le encargué, Emily? —intento que las señoras que me acompañan en el salón se centren en mí y se olviden de su disputa.
—¿Un telar? Yo ya tengo uno —me hace saber Emily.
—Lo sé, pero este es mecánico. Utiliza tarjetas perforadas para tejer patrones en la tela, además de producirla a partir de los hilos —le explico emocionado, porque en cuanto pude, diseñé un telar parecido al de Jacquard para regalárselo a Emily y lo han terminado hace poco.
—¿Patrones? —se extraña ella, que posiblemente no sabe que puede elaborar complejos diseños sin apenas esfuerzo.
—No se preocupe. Tal vez no haya llegado a la finca todavía, pero en cuanto esté aquí, le enseñaré a utilizarlo —me comprometo.
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Lady in waiting - Terminada
Historical FictionA Emily le ha tocado nacer en la Inglaterra de principios del siglo XIX con una niña pequeña a la que cuidar y alimentar y un futuro incierto. El miedo y la preocupación harán que no se permita soñar con una vida mejor, ya que solo unos pocos afortu...
