2. CARNE FRESCA.

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A primeras horas de la mañana, Oliver aparcó su coche a un lado de la calle y descendió con la seguridad de quien conocía bien el lugar al que se dirigía. Darcey hizo lo mismo, aunque con un nudo incómodo en el estómago. El aire era frío, todavía húmedo por la madrugada, y el sol apenas comenzaba a filtrarse entre las ramas de los grandes árboles que custodiaban la acera.

Debían cruzar la calle y caminar unos pocos metros antes de llegar a la carnicería.

Darcey avanzó a su lado en silencio, observando el entorno con una mezcla de curiosidad y aprensión. Desde afuera el lugar se veía pequeño, discreto y casi oculto. Conservaba un aspecto vetusto con una fachada antigua cuidadosamente mantenida, pero a la vez modernizada en los detalles más sutiles.

Las ventanas se hallaban polarizadas, impidiendo que cualquiera pudiera ver hacia el interior. Aquello, lejos de tranquilizar a la muchacha, despertó aún más su inquietud. La imposibilidad de mirar adentro hacía que su imaginación se llenara de imágenes que prefería no formar.

Sobre la entrada, yacía un letrero sobrio y elegante anunciaba el nombre del lugar:

Flesh & Feast Butchery.

El sonido de la campanilla resonó suavemente.

Oliver había entrado primero al establecimiento y, se deleitó al observar a distancia la gran cantidad de carnes y despojos frescos bien presentados. Por dentro, la carnicería era mucho más grande de lo que parecía desde afuera. El espacio era amplio, luminoso y sorprendentemente lujoso. El suelo brillaba de limpio, y el aire estaba impregnado de un olor intenso, metálico y fresco al mismo tiempo. Un aroma que no dejaba lugar a dudas sobre lo que allí se ofrecía.

Las vitrinas extensas exhibían cortes de todo tamaño y tipo, cada uno perfectamente acomodado, casi con devoción. Tras gruesos cristales se podían ver costillas de cerdo colgando, piezas enteras suspendidas de ganchos de metal, cuerpos completos abiertos con precisión real. Como si estuviese diseñado para cualquier codicioso y fanático de una buena carne recién mutilada, como lo era Oliver.

Había incluso un gran cuadro de madera oscura y refinada, en el que se mostraba el dibujo detallado de una vaca entera. El animal aparecía seccionado en partes, cada una señalada con claridad, como si fuera un mapa. Darcey supuso que aquel esquema existía para facilitarle al comprador la elección de lo que deseaba llevarse.

Oliver observaba todo con fascinación.

Por un instante, deseó que su hija compartiera su perspectiva. Que pudiera apreciar aquella abundancia como él lo hacía. Que entendiera el valor de todo lo que tenía frente a sus ojos. Todo aquello que podía ser elegido, pedido, cortado y que podía mantener bajo su control.

De todos modos, cuando se giró para verla, la expresión de asco en el semblante de la fémina le desagradó profundamente.

—Compórtate —le murmuró, tomándola de las manos con firmeza—. No es para tanto.

Darcey asintió, sintiendo como su estómago se contraía. Se obligó a mantener el semblante sereno mientras su padre comenzaba a recorrer con ella el lugar, guiándola como si se tratara de una lección más.

La carnicería no solo ofrecía la venta de carne cruda. También se exhibían sazones caseros, embutidos de apariencia exquisita, especias seleccionadas y productos que prometían una calidad excepcional. Todo pensado para atraer a un cliente exigente.

Oliver se esforzaba en que Darcey comprendiera. En que absorbiera cada detalle y en que se empapara de aquel mundo que, para él, era indispensable.

Oliver se esforzaba en que su hija llegara a tener la misma posición que él, costara lo que le costara.

MEAT. ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora