¿Cuál sería tu concepto sobre el amor, Darcey?
Todos tienen uno.
Era aquella una pregunta que lo carcomía cada vez que la miraba. Sus ojos no sabían disimular la emoción que lo atravesaba, recorriendo la silueta de la joven siempre que podía. Y no se reprochaba por ello: Darcey poseía una belleza intachable. Bonita, coqueta, perfecta ante los ojos de cualquiera.
Una presencia imposible de ignorar.
Al aparcar en uno de los espacios reservados en el estacionamiento, Benedict observó las grandes letras alumbrantes que destacaban en el restaurante de los Doliner.
Se trataba del famoso restorán Exquisite Palate.
—¡Darcey!—había gritado Oliver cuando vio a su hija entrar al restaurante.
El local estaba lleno, como siempre, y el alivio se dibujó en su rostro al verla llegar. Sin embargo, su expresión se transformó cuando notó que no venía sola.
Oliver salió de la cocina vestido con un traje impecable, tan refinado como el restaurante mismo, y avanzó entre las mesas con paso seguro. Al llegar, estrechó la mano de Benedict con firmeza.
—Bienvenido, Benedict —dijo, con ese tono pulido y autoritario que no admitía réplica.
—Gracias...—fue la contestación de un Benedict extrañado, pero de todos modos aceptó la bienvenida gratificado.
—Ven, siéntate. —continuó Oliver, guiando al carnicero a un rincón del restaurante en donde se hallaba una mesa con dos sillas esquineras de cuero negro, elegante y discreto, iluminado por dos lámparas cálidas que creaban una intimidad artificial.
Una bienvenida cuidadosamente diseñada.
Cuando Oliver se alejó para atender otras mesas —recibiendo halagos que ya no lo sorprendían—, Darcey deslizó el menú frente a Benedict con suavidad.
—Anda, pide lo que gustes. Yo invito. —le dijo ella.
Benedict asintió y lo tomó entre sus manos. Por un lado comenzaba a dudar demasiado sobre permitir que Darcey pagara por él, así que decidió de una vez observar el menú para ver cuál de los platillos podría ser accesible para su bolsillo. Al abrir la lista, se topó con una infinidad de comidas que se veían tan deliciosas como costosas, de nombres refinados cuya preparación e ingredientes con los que eran cocinados probablemente pertenecían al progenitor de los Doliner.
El menú era extenso, lleno de diferentes platillos dignos de un buen restaurante reconocido. Con una buena sección de pastas, una limitada parte de comidas vegetarianas, y muchísimos platos cuyo ingrediente principal era la carne.
Carne que el mismo Benedict les vendía y desmembraba.
Algo que llamó la atención del carnicero era una sección V.I.P. Esta consistía de una lista con platillos específicos que no tenían la típica descripción de lo que traía como el resto. Junto a aquello, tenían nombres peculiares que no se entendían al primer vistazo.
Darcey al notar la expresión confusa del muchacho, decidió explicarle lo que al parecer no estaba procesando.
—Es una sección sorpresa. Solo para clientes especiales —explicó—. No te esfuerces en entenderlo.
Benedict tragó saliva, aún indeciso. Darcey lo observó unos segundos más antes de sonreír.
—¿No sabes qué elegir? —cuestionó Darcey, con un gesto agradable— Mi padre y yo trabajamos duro para lograr ese efecto —rió suavemente y añadió:—. Me tomaré la molestia de darte una recomendación como me la diste tú a mi el otro día y ordenaré algo para ti, ¿de acuerdo?
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MEAT. ©
HorrorOliver Doliner es un chef de prestigio, conocido por su precisión, su disciplina y una obsesión inquebrantable por la perfección. Su legado tiene un único destino: su hija, Darcey, a quien ha moldeado para convertirse en su sucesora. Pero hay un pro...
