De un animal en cautiverio a un filete siendo cocinado en término medio.
Desde que Oliver Francis Doliner nacido, su interés por la cocina había existido de una forma extraña, casi innata.
Muy al contrario del hombre que era en la actualidad, su figura paternal era un hombre sosegado cuyo único interés era el trabajo y el dinero que le daban cada fin de mes en su pago.
Mientras que su madre, en su lugar, era una mujer estricta que cumplía con las labores de una ama de casa. Una mujer que no solo se dedicaba a hacer las tareas del hogar, sino también a cuidar a sus hijos y servirle comida a su marido cada vez que este llegaba de trabajar.
Siendo el menor de tres hermanos, Oliver era el único que seguía fuertemente los pasos de su madre en la cocina, ayudándola como podía. Esto porque sus hermanos mayores no siempre estaban presentes en casa, pues al ser más grandes sus labores se concentraban más que nada en traer dinero al hogar para sostener la vida adecuada que llevaban, aparte de estudiar.
Oliver siendo el más pequeño, naturalmente no trabajaba en aquellos tiempos. Su madre, por supuesto, lo adoraba hasta el punto de mimarlo y causar que este con el tiempo consiguiera más prioridades que el resto.
A diferencia de sus hermanos, Oliver era callado y sin duda alguna, un buen muchacho. No era el estudiante más destacable en la escuela pero mucho menos era el peor en esta. Después de todo, solo era un muchacho regular que mantenía un perfil bajo debido a que su interés se enfocaba en algo más.
Pasando cada vez más tiempo con su madre, era evidente que el apetito de Oliver se expandía cada vez más. Mientras que los demás niños detestaban con suma repugnancia comer verduras y ensaladas, este los devoraba sin cesar.
Aprendía diferentes recetas por más básicas que parecieran hasta el punto de pronto ser él quien le servía sus comidas a su padre y a sus hermanos cuando estos regresaban después de un largo día de trabajo.
Con este hecho sobresaliente, para cualquier progenitor saber que tu hijo comenzaba a desarrollar una habilidad sensacional en algo tan fundamental como lo era la cocina, debería darte de qué alardear.
Sin embargo, lo que comenzó como un fanfarroneo, rápidamente se convirtió en gritos de pavor.
Oliver comenzaba a ser más y más perfeccionista y detallista con cada platillo que servía. Se obsesionaba desmesuradamente con el poder montar un restaurante que pudiera proveerle más dinero en un futuro, aunque sabía muy bien que para triunfar en la gastronomía, debía sobresalir con algo innovador y poco recurrente.
Algunos pensarían que el éxito podría alcanzarse con un diseño inigualable en un restaurante. Tal vez una temática distintiva y agradable. Pero Oliver no era exactamente como los demás en aquellos ámbitos.
Las típicas carnes rojas y blancas, como terneras, cerdos, pollos y pescados ya empezaban a darle igual. Este aburrimiento aumentó mucho más cuando se obsesionó con la idea de triunfar. Así que de repente, comenzó a admirar la piel de ciertas personas que pasaban en su proximidad.
Aquellas pieles suaves y limpias, de olor fresco y de apariencia fina.
Oliver no era el tipo de varón que se acostaría con cualquier chica, pero un día invitó a una mujer de compañía para tener su primera noche de pasión con la misma. Citándola en su apartamento que consiguió gracias a su empeño en dichos tiempos, este se ocasionó una pequeña herida para probar su propia sangre adrede.
Comenzando con una herida.
Una mirada lujuriosa.
En medio de la oscuridad.
ESTÁS LEYENDO
MEAT. ©
HorrorOliver Doliner es un chef de prestigio, conocido por su precisión, su disciplina y una obsesión inquebrantable por la perfección. Su legado tiene un único destino: su hija, Darcey, a quien ha moldeado para convertirse en su sucesora. Pero hay un pro...
