—La carne es una auténtica delicia.
Era la frase que Oliver solía recitarle a su hija Darcey cada vez que ambos entraban y salían de la carnicería. Una verdad que, según él, no admitía discusión.
Sin lugar a dudas, era un hecho que todo aquel que manipulara alimentos conocía.Un principio básico para cualquier dueño de restaurante y una certeza que los clientes repetían sin pensar demasiado.
La textura tierna, combinada con una jugosidad inigualable, convertía a la carne en un alimento exquisito, elevado. Con el primer bocado, su suculencia envolvía el paladar con un sabor profundo, intenso, lleno de riqueza.
Sin embargo, existían lenguas incapaces de apreciar aquella complacencia. Y una de ellas —la menos esperada— pertenecía a la hija de un gran chef.Tras regresar de la carnicería con una barra de costillas, carne molida y cordero, Oliver se encontraba ya en la cocina de su amplia casa. Revisaba la costillera con atención, limpiándola con precisión. Notó, casi de inmediato, que la carne era ligeramente distinta a la habitual. Más oscura. Más densa.
No dijo nada y solo se limitó a continuar.
El plato de la noche, esta vez iba a ser una costilla a la vainilla y puré de chiviría con reducción de vino tinto. Aquella era una receta que Oliver quería incorporar a su restaurante, pues lo venía pensando durante varias semanas, y por eso, como era de costumbre, insistía en que Darcey lo acompañara en el proceso.
Teniendo a su primogénita a su lado con el cabello recogido y su vestimenta adecuada, Oliver empezó a indicarle a la chica lo que debía hacer. Iniciando con raspar las vainas de vainilla para reservar las semillas. Luego, en una cazuela grande se calentó aceite de oliva para sellar las costillas. Una vez reservándose, en la misma olla se agregó un caldo de res casero con vino tinto de alta calidad, junto a vino de Oporto, las semillas de vainilla, tomillo y laurel.
De esa manera, se volvió a colocar las costillas junto al caldo para dejarlas cocinar hasta el punto de que la carne estuviera extremadamente tierna y se pudiera separar fácilmente de los huesos. Pronto Oliver continuó haciendo el puré de chirivía y la reducción de vino tinto, mientras que Darcey manipulaba únicamente la carne.
Aunque muy a pesar de las veces anteriores, por primera vez, Darcey no estaba sintiendo tanto asco como antes. No sabía si era por las múltiples veces que había estado rodeada de carne que ya se había acostumbrado, o era aquella preparación la que tenía algo diferente.
De todos modos, una vez finalizada la cocción, Oliver le pidió a Darcey servir la comida mientras él se quitaba el delantal y se iba a sentar en la mesa. Darcey no se negó y sirvió dos platos, pensando en que su madre también se uniría como usualmente lo hacía.
No obstante, la voz de su padre resonó en sus oídos con un comentario poco angustiante.
—Esta noche solo estaremos tú y yo, Darcey.
—¿Dónde está mamá? —cuestionó la joven extrañada, pero con unas orbes intimidantes, Oliver solo se limitó a observar.
Con aquel gesto, Darcey no se atrevió a decir nada más y decidió continuar en silencio cortando primeramente las costillas en porciones individuales. Después en un plato puso una cucharada generosa del puré en el centro, para luego posar las costillas encima. Roció la carne con la reducción de vino tinto antes de finalizar con la decoración de unas hojas de tomillo fresco.
Así, Oliver percibía como la joven muchacha preparaba todo a distancia y sonreía, porque notaba como poco a poco, tras sus arduas enseñanzas, su hija mejoraba en el proceso aunque como era de costumbre, aún no consideraba que Darcey llegara a sus exageradas expectativas.
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MEAT. ©
TerrorOliver Doliner es un chef de prestigio, conocido por su precisión, su disciplina y una obsesión inquebrantable por la perfección. Su legado tiene un único destino: su hija, Darcey, a quien ha moldeado para convertirse en su sucesora. Pero hay un pro...
