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Narra Jude.
- Me gustas, Olivia.
Suelto esas palabras sin más dilatación, pues esas palabras llevan rondando por mi mente un par de días hasta que por fin he sido capaz de poder decírselo.
Ella me mira algo sorprendida y no gestiona palabra ninguna hasta que hace una mueca con su boca y coge aire.
- No hace falta que digas nada, pero simplemente quería decirte lo que estoy sintiendo - me apresuro a decir antes de que ella tome la palabra.
Aún no dice nada y yo me rasco la nuca nervioso mientras enfoco mi mirada en el desarrollo de la película que estábamos viendo. Creo que la he cagado, es lo que pienso en este preciso instante.
- Jude, ¿tú estás seguro? - pregunta girándose hacia mí y frunciendo el ceño.
- Olivia, si no estuviera seguro no te lo hubiera dicho. Ya te he dicho que no hace falta que digas nada, si tú quieres podemos seguir siendo amigos.
- Desde que has llegado a mi vida me la estás poniendo patas arriba - me dice con una pequeña sonrisa.
- ¿Eso es bueno o malo? - cuestiono confundido.
- No sabría decirte. Oye, vamos a ver la película que al final no la estamos ni viendo casi.
Olivia se pone a ver la película y aunque yo lo intente, inevitablemente me mirada se centra en ella. Admiro su perfil y en el puedo ver sus largas pestañas que adornan esos ojos verdosos y esos labios carnosos que me traen por el camino de la amargura.
- Podrías dejar de mírame, me estás intimidando - gira su cabeza para mirarme.
- Lo siento, pero no puedo dejar de mirarte, eres guapísima, Olivia.
Su cara enrojece poco a poco y yo sonrío al verla así.
- No me digas esas cosas - habla ella.
- ¿Por qué no?
- Porque me da vergüenza - asegura.
- Te lo diré todas las veces que hagan falta para que esa vergüenza se vaya y, sobre todo, para que te lo creas de una vez por todas.
Ella sonríe tímidamente y se acerca a mí para depositar un beso en mi mejilla.
- Me gustan tus besos, pero los prefiero en la boca - le sincero con una media sonrisa pícara.
Soy yo el que toma la iniciativa de unir nuestros labios en un beso. Cuando nos separamos, debido a la falta de aire, nos quedamos mirándonos.
- Parece que eso de que me beses se está convirtiendo en una costumbre - bromea.
- Créeme que a mí no me importaría.
- Por cierto, ¿tu madre no vive contigo? - pregunta curiosa.