¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Narra Jude.
Meses después...
Aprovechando que tenemos un parón de liga de unas dos semanas, y justo coincide con el primer aniversario de nuestra relación, vamos a pasar unos días en Peñiscola.
A pesar de llevar un año en España viviendo en Madrid, la capital, no conozco muchos lugares de este país, aunque me recorro prácticamente todo el territorio español jugando al fútbol con mi equipo. Tan solo conozco Madrid, Ibiza, Formentera, Marbella y Jerez de la Frontera.
Miro a Olivia que duerme plácidamente en la cama. Su pelo revuelto recae sobre la almohada, los labios entreabiertos y las mejillas sonrosadas. Aún dormida me parece la mujer más hermosa que he visto en toda la faz del planeta.
En este año que llevamos juntos me he sentido muy feliz y, sobre todo, amado. Olivia es la mujer que todo el mundo desearía tener. Es esa persona la cual da paz, tranquilidad, serenidad, pero también me da amor, pasión.
- ¿Alguien está pensando a estas horas de la mañana? - pregunta abriendo sus ojos, me mira con una sonrisa.
Sonrío acercándome a ella, me coloco encima de ella dejándola debajo de mi cuerpo, le doy un pequeño beso en sus labios.
- ¿Quieres que te diga en qué estaba pensando? - pregunto mirándola a esos ojos pardos que tan loco me vuelven.
Ella muestra una sonrisa ladina, elevando las cejas con curiosidad.
- Señorito Jude, sorpréndame.
Una carcajada escapa de mi boca al escuchar esas palabras.
- Estaba pensando en la mujer que tengo debajo de mí, que por suerte es mía y solo yo tengo el placer de llamarla como mi mujer.
- ¿Mi mujer? - pregunta haciendo una mueca divertida.
- Oh amor, por el momento no hace falta que un anillo decore tu dedo para que yo consideré que eres mi mujer. - Ella sonríe negando con la cabeza .- No tienes porqué preocuparte, porque algún día en ese precioso dedo habrá un anillo, tan bonito como tú.
Nos quedamos unos minutos recostados en la cama dándonos algún que otro beso y cariñitos.
- Vamos a hacer algo productivo - sugiere Olivia poniéndose de pie.
- Nena, ¿algo más productivo que tú y yo en la cama?
Ella me mira con los ojos bien abiertos, porque no se esperaba para nada esas palabras. Poco a poco su cara empieza a tonarse de un tono rosáceo.
- Tienes veinte minutos para arreglarte - avisa dirigiéndose al baño.
- En veinte minutos puedo hacerte el amor varias veces - indico.
- Jude, estás muy pervertido hoy.
- Es que te tengo delante y mis hormonas se revolucionan.
- Jude, parece que quieres que salga sola a conocer Peñíscola.
- ¿Eh? No, claro que no - niego rápidamente y escucho una risilla suya.
- Pues entonces calla ya, y empieza a prepararte - indica. - Y rápido que no me apetece esperar mucho.
- Pero si la tardona eres tú - expongo.
Aproximadamente unos veinte minutos después estamos caminando por las calles de Peñíscola. A Olivia le apasiona el arte y la historia. Según me ha contado, cuando viaja a un destino en el que nunca ha estado antes, le gusta descubrir la historia de ese lugar, sus monumentos más emblemáticos, así como la belleza y naturaleza.
Salimos del hotel, sumergiéndonos en la historia, naturaleza y belleza costera de Peñíscola.
- Me encantan estas casas - admite Olivia, observando las pequeñas casas a nuestro alrededor.
Nos encontramos en el casco antiguo, donde las estrechas calles están adoquinadas. Las casas blancas decoradas, en su mayoría con flores, lo que genera una atmósfera encantadora. Además, hay pequeñas tiendas y restaurantes. Entramos en algunas de estas tiendas para comprar diversos souvenirs, para así irnos de este encantador lugar con algunos recuerdos.
- Son muy bonitas - asiento.
- Mira qué cristalina es el agua - apunta mi chica cuando estamos justo frente a la playa.
Hemos bajado hasta Playa Norte, la playa principal de Peñíscola. Como bien ha comentado Olivia, el agua es súper cristalina y la playa se extiende por varios kilómetros. Desde aquí disfrutamos de unas fantásticas vistas del castillo, al que Olivia está deseando visitar.
- Deberíamos hacer más viajes así - propone Olivia.
- Nos queda toda la vida por delante para recorrer el mundo, amor.
Olivia se detiene frente a mí con una sonrisa brillante en su rostro. Se alza unos centímetros y besa mis labios con ternura.
- Me gusta tu pensamiento.
- A mi también. Pero tú me gustas más.
- Hoy estás muy romántico - dice, rodando los ojos.
- No puedo decirte cosas bonitas - respondo con una sonrisa.
Llegamos al Castillo de Peñíscola, construido en el siglo XIII, que fue la residencia del Papa Benedicto XIII.
- ¡Qué preciosidad! - exclama Olivia, admirando este hermoso monumento.
Desde aquí podemos ver el mar y la ciudad entera.
- Este país es una maravilla. Su comida es deliciosa, sus ciudades son preciosas, la gente es amable y una jerezana me ha conquistado de pies a cabeza.
- Quizás suene algo feo que lo diga yo, pero España es inigualable.
Paseamos por los alrededores de los jardines del castillo y, después de un rato, vamos a un restaurante para almorzar.
Por la tarde, visitamos la Ermita de la Virgen de la Ermitana, el Puerto Pesquero y la Casa de las Conchas.
Sobre las once y cuarto de la noche volvemos al hotel. Olivia abre la puerta y se encuentra un ramo gigante de rosas sobre la cama, junto a unas pequeñas velas extendidas por toda la habitación.
- Jude, ¿qué es esto? - pregunta sorprendida.
- Una sorpresa por nuestro primer aniversario - me acerco a ella, abrazándola por la cintura. - Hay mil rosas.
- ¿Mil rosas? Como la canción de la Oreja de Van Gogh.
- La misma que escuchas cada mañana al tomarte el café.
La veo buscar en la maleta hasta que encuentra lo que esperaba y me entrega un regalo envuelto. Lo abro con curiosidad, y al hacerlo, me encuentro varias fotografías de nosotros formando un corazón.
- Que sepas que lo voy a poner en mi mesita de noche para poder verlo cada mañana al despertar. Y cuando vivamos juntos, lo colocaremos en un lugar especial.
- ¿Vivir juntos? ¿Piensas en eso?
- Olivia, te lo repetiré todas las veces que haga falta: yo quiero una vida junto a ti.