3. ¿Ser amigos?

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Narra Olivia

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Narra Olivia.

- Olivia, que no se te olvide comprar lo que te haga falta - me recuerda mi madre.

- Sí, mamá - digo poniendo los ojos en blanco.

Por mucho que pasen los años mi madre sigue repitiéndome en cada ocasión todo lo que tengo que hacer. Y no es que moleste, al contrario, hay veces que lo agradezco mucho, pero hay otras veces que no es necesario.

- Bueno te llamo luego, te quiero - se despide.

- Adiós, mamá.

Siempre he sido una niña muy familiar, me encanta pasar tiempo rodeada de los míos. Aunque ahora es un poco más complicado, cuando puedo bajo a verlos o en alguna que otra ocasión ellos suben a Madrid a pasar unos días conmigo.

Mi madre se llama Rosario, mi padre Juan. Tengo un hermano un año mayor que yo, Iker, con él que siempre he tenido una relación muy especial. Y también tengo una hermana más pequeña, Delia, que tiene diez años.

- Olivia, me voy a la universidad - me dice Gemma.

- Vale, ten un buen día - le digo con una sonrisa.

- Nos vemos luego, Oli.

- Claro, Gem.

Aprovecho para ir a comprar al supermercado las cosas que más falta me hacen. Algunos productos de limpieza y comida principalmente. No tardo demasiado en llegar a casa, por suerte el supermercado está a unos cinco minutos andando.

Todavía queda tiempo para preparar la comida por lo que me pongo a seguir escribiendo. Las ideas van surgiendo solas y voy escribiendo todo lo que se me va pasando por la cabeza. Quizá después cuando vuelva a leer todo lo que tengo escrito tendré que borrar algo o hacer alguna que otro cambio, pero por el momento las ideas surgen de una manera muy espontánea.

- Olivia, ya estoy aquí - grita Gemma desde el recibidor.

- Estoy en la cocina - grito de vuelta.

Escucho sus pasos acercándose hasta la cocina y sonríe al verme.

- ¿Qué tal el día? - pregunto mirándola.

- Hoy se me ha hecho mucho más ameno - me responde. - ¿Qué estás haciendo de comer?

- Espaguetis a la boloñesa - anuncio, y ella abre la boca.

- Dios, te amo, Olivia - grita emocionada dando pequeños saltitos.

- Prepara la mesa, si no te importa, que esto ya está listo.

- Perfecto, dejo el bolso en la habitación y enseguida vuelvo - anuncia y yo asiento.

Comemos contándonos algunos chismorreos que nos hemos enterado hace unos días. Gemma es una persona muy chismosa y le encanta saber todo lo que pasa, y yo pues oye la verdad, que quién se niega a un buen chisme.

- Buah tía y esta noche hay isla de las tentaciones - exclama Gemma.

Las dos estamos viendo la isla de la tentaciones, aunque ella está mucho más enganchada que yo. Yo sin embargo, este año me he enganchado muchísimo a Operación Triunfo.

- Esta tarde daré un paseo y vendré sobre las nueve para cenar juntas y ver la isla - le digo y ella asiente.

- Genial.

Al terminar de comer me doy una ducha rápida y me visto para ir a dar un paseo por el centro y comprar ropa.

- Gemma, me voy - me despido de ella.

- Qué mona vas siempre, Olivia - grita desde el salón. Esta sentada en el sofá con un cubo de palomitas de maíz con sabor a mantequilla viendo La Casa de Papel.

Digamos que en el tema de moda nunca he tenido un estilo definido como tal, siempre me ha gustado ser como un alma libre, puede que un día vaya muy arreglada y al día siguiente me puedes ver con un moño en la cabeza, mis gafas de vista y un simple pero cómodo chándal. Aunque mi hermano y mis amigas suelen decirme que visto muy "pija".

Gemma y yo vivimos en un piso ubicado en el barrio de Lavapiés, uno de los más conocidos de Madrid. El piso tiene alrededor de unos ciento veinte metros cuadrados. Hay dos habitaciones, un baño, un salón y una cocina, suficientemente para nosotras dos.

Llegando al centro me fijo en la cafetería a la que fuimos hace unos días Gemma, Damián, Helena y yo. Es una cafetería diferente. Particular. Encantadora ... podría definirla con muchos más adjetivos porque la verdad que personalmente me gusto mucho.

Nunca he sido muy fan del café. Aún recuerdo cuando a los once años probé un sorbo de la taza de mi madre, el momento tan desagradable que pasé creo que no se me olvidará. Si es cierto que conforme he ido creciendo, he probado otros cafés y alguno si que me ha gustado pero no me declaro fan.

- Buenas tardes, Estefanía - la señora me mira regalándome una sonrisa tierna y acogedora.

- Qué alegría verte de nuevo, Olivia - comenta alegremente saliendo de la barra para darme un cálido abrazo. - ¿Qué quieres tomar?

- Un zumo natural de naranja - opto por decir tras echar una ojeada a los paneles que hay colgados en la pared.

- Estupendo, siéntate donde quieras que en un periquete te lo llevo.

- Gracias, Estefanía.

- A ti, bonita.

Me siento en la mesa más cercana al estante de libros y abro los ojos al visualizar la portada de uno de mis libros favoritos "Cuando no queden mas estrellas que contar".

- Aquí tienes, Olivia, disfruta del zumo y de ese magnífico libro - habla Estefanía dejando el zumo sobre la mesa.

- Muchas gracias - dejo de mirar el libro para mirarla a ella y sonreírle.

Estefanía se va y antes de seguir leyendo, doy un sorbo al zumo que sabe exquisito.

- La chica de la cafetería y de los libros - escucho.

Alzo la mirada y me encuentro a Jude Belligham sentando justo en frente de mí.

- ¿Qué haces aquí? - pregunto mirándole.

- Estar sentando - se alza de brazos mirando cada uno de mis movimientos.

- ¿Qué es lo que quieres? - el tono de mi voz es endurecido.

-  No quiero nada, simplemente me pareces una chica algo interesante.

- No me conoces - murmuro entre dientes.

Siempre he sido una chica tímida que me ha costado mucho socializar con otras personas y, por ende, hacer amigos. Por ello puede que de primeras parezca algo más borde, pero soy todo lo contrario.

- No hace falta conocerte para ver que no eres una chica como cualquier otra.

- No vengas a hablarme de chicas, Bellingham - ruedo los ojos con pesadez.

- Anda, si me conoces y todo.

- Creo que en esta sociedad te conoce casi todo el mundo, Jude Bellingham, la nueva estrella del Real Madrid.

Él ríe a carcajadas al escuchar mis palabras. Al escucharlo reír es imposible que no se me escape una sonrisa.

- Vaya, si también sonríes - dice en tono burlón.

- Como no me conoces, no sabes cuánto sonrío - respondo.

- Podríamos ser amigos - sugiere.

- De sueños se vive, Jude.

- Y todo lo que sueño lo cumplo, chica misteriosa que aún no me ha dicho su nombre - guiña un ojo en mi dirección.

- Te quedarás con esa duda - indico para luego levantarme y dejarlo sentado donde estaba.

Media Luna || Jude Bellingham Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora