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Narra Olivia.
Suelto un suspiro pesado al escuchar la alarma del móvil de Jude. Aún con los ojos cerrados, me doy la vuelta en la cama y escondo mi rostro en su cuello, buscando su calor. Él suspira, todavía medio dormido, mientras estira el brazo para apagar la alarma y luego acaricia mi cintura con suavidad.
Jude continúa acariciando lentamente mi cintura, lo que me ayuda a despertarme un poco, mientras yo trazo suaves caricias en su rostro. Ambos estamos medios despiertos, pero disfrutamos en silencio de la tranquilidad, sabiendo que la alarma volverá a sonar pronto.
Un par de minutos después, la alarma suena de nuevo, por toda la habitación. Soltamos un bufido al unísono. Abro los ojos y me encuentro con mi hermoso novio, que, sin camiseta se le nota que aún anda algo adormilado.
Sonrío al mirarlo y me acerco a él para besar sus labios.
- Buenos días, mi amor - me dice aún con voz ronca. - Hay que ir levantándose.
- Con lo bien que se está en la cama... - resoplo haciéndolo reír.
- Mientras tú te espabilas, voy a ver a nuestra pequeña.
- Vale, amor.
- No te vayas a dormir - me dice, mirándome con seriedad. - Que nos conocemos.
- Que nooooo - respondo rodando los ojos, mientras observo como se acerca a la cuna de Alice.
Jude se pone los primeros pantalones que encuentra y unas chanclas antes de caminar hacia la cuna, ubicada a unos metros de nuestra cama.
No puedo evitar sonreír al verlo coger a Alice en brazos. Ya tiene seis meses exactos, ha crecido mucho y es una bebé preciosa, con su cabello castaño oscuro y sus ojos marrones que parecen brillar de felicidad.
Ella sonríe en cuanto ve a su padre, y él le hace caras graciosas que la hacen reír aún más.
- Princesita, mira a mamá - le dice Jude con ternura, hablándole a nuestra pequeña.
Sonrío mientras Jude pone a Alice junto a mí en la cama. La abrazo dejando besos por toda su carita.
-Amor, ¿quieres que baje con Alice para prepararle el biberón mientras tú te das una ducha? - me pregunta Jude mientras abre las ventanas de la habitación.
- Vale - respondo, dejando un beso en la mejilla de mi hija. - Acuérdate de no calentar demasiado la leche - le recuerdo.
- Tranquila que no - dice levantando las manos, en señal de inocencia. - Además, mamá me ofrecerá su ayuda.
Mi suegra una semana con nosotros. Suele ser así: una semana aquí y otra en casa, para ayudarnos y disfrutar de su nieta. Además, cuando yo tengo que trabajar, ella es quien se queda con Alice. Por supuesto, mis padres también vienen a visitarnos siempre que pueden.