Thabit

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En este mismo instante estaba subido en un carruaje con el Faraón de Egipto frente a mi, tenso, callado, exactamente igual que yo.

Se supone que a estas cosas tiene que venir más gente pero solo estamos él, yo, y el que lleva el carruaje que ni si quiera pertenece a los conductores del Faraón si no del gobernador que nos ha mandado recoger.

--¿Falta mucho para llegar? -- preguntó el Faraón, fue lo primero que salió de su boca dirigido a mi después de la pequeña discusión que tuvimos respecto a estas salidas.

Lo increíble es que yo todavía siga trabajando aquí, la verdad me contuve bastante, que si no, ahora me estaría dirigiendo a mi casa y no a un palacio.

--No tengo ni idea señor --le respondí sin mirarle.

Era la verdad no tenia la más mínima idea de donde estábamos, quizás nos secuestraban y yo tan tranquilo.

--¿¡Como no lo va...?! --mi acompañante iba a regañarme pero le interrumpí.

--Quizás si hubiese contratado a un guardia podría saber cuanto falta hasta su destino -- le dije cortante.

¿Cortante? Cortante su mirada mamii.

Tenia el entrecejo algo ceñido y los labios entreabiertos, como si me fuese a responder algo, pero se que no va a ser así por que nada de lo que he dicho es mentira.

No puede pretender que en menos de dos días me haga de repente un guarda de salidas cuando antes de ello no sabia ni que existían.

Le aguante la mirada pero al momento la apartó para dirigirla al paisaje, así como lo hice yo.

--Allí no puedes dirigirle la palabra a nadie, y tienes que estar mínimo a metro y medio de distancia de mi, se supone que es un lugar seguro pero nunca es demasiada seguridad, tampoco puedes hablar con otros guardias, allí nadie es tu amigo, vamos por pura cortesía, la única persona con la que puedes hablar es conmigo y evítalo por que la gente no lo ve muy bien que se diga --dijo sin el mas mínimo interés.

--Ah por último no te puedes separar de mi y si entro a alguna sala estas en la obligación de entrar conmigo salvo que yo o alguien con autoridad te diga lo contrario, pero te quedas en la puerta... creo que no se me pasa nada.

Una vez termino de mandar, le abrieron la puerta y se bajo sin en el más mínimo preámbulo. Me baje tras el, di las gracias y subí la cabeza...

Wow...

Enfrente mío había un palacio casi tan grande como el templo del faraón, pero era muy distinto.

El palacio era terriblemente gigante hecho de mármol blanco que resalta demasiado en la luz de la noche. Nosotros nos habíamos detenido en una extensa alfombra de color vino que junto con las rosas y velas colgadas creaban un pasillo muy acogedor hasta la entrada.

Fui detrás del Faraón que comenzó a caminar sin interés alguno, caminaba quizás un poco rápido y al entrar una gran estancia nos invadió. Había gente a montones, gente elegante, bien vestida. Ropajes que en el pueblo se burlarían de ellos, zapatos que como pises te arruinas y muchas caras de soberbia y superioridad.

--Oo mi querido Faraón, queridísimo, sea bendecido, bienvenido pase pase.

Un señor con cara (digámosle rara) se le acerco al Faraón, mientras le alababa comenzó a cogerle de las manos para besárselas y empezó a arrastrarle mientras le contaba no se que cosas.

--...hace tanto tiempo que ya ni me rec...-- hablaba el señor con el Faraón, íbamos pasando y mucha gente nos paraba. Bueno le paraban yo solo me paro para vigilarle.

Mientras van hablando me seguí fijando en el palacio, la gente, el ambiente, en como no hay un solo guarda o criado sonriendo, o tan siquiera hablando.

Nos detuvimos en una estancia donde podíamos ver toda la sala de abajo donde el asiento para el Faraón me quedaba a mi derecha y a mi izquierda un pasillo tan largo que no se puede ni ver el final.

Ellos seguían hablando tan tranquilos, y a mi como si nada me entro un hambre, claro justo recordé que hace casi un día en el que no pruebo bocado.

No pensaba revelar mi sutil secreto a mi acompañante; ya le caigo lo suficientemente mal como para empezar a molestarle ahora, y tampoco tengo ganas de hablarle, ya es demasiado insoportable por si solo.

Sigo mirando el palacio pero de repente me empiezan a rugir las tripas, de verdad que tengo demasiada hambre

Solo esta hablando, ¿Qué le va a pasar?

Es verdad lo único que esta haciendo es hablar, no le va a suceder nada.

Lentamente me fui tras la cortina y empecé a caminar, una vez ya era imposible que cualquier persona en esa estancia me viese acelere el paso hacia las escaleras. Una vez ya en el piso principal fui a una velocidad inimaginable a la mesa de aperitivos, mientras por el camino le iba cogiendo la comida a algunos criados que se paseaban con ella en bandejas, la gente parecía que se había multiplicado, no se porque pero no había espacio ni para correr.

Una vez empujadas demasiadas personas había llegado a una extensa mesa de aperitivos, comencé a comer como un glotón como si no hubiese probado bocado en años.

Morir De AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora