Thabit

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Son las 17.15 de la tarde y sigo con la bilis en la garganta y el intenso pensamieinto de que me van a despedir.

Ayer no lo hice bien, lo se, y llevo todo el día queriendo decirselo a Mi- el Faraón. Pero no encuentro la oportunidad, ni las palabras. 

He estado con el por la mañana, he desayunado con el, y pensaba decirselo en el mismo instante en el que llego su mujerci-... la Faraona. Que estuvo preguntandonos todo el desayuno que tal en la ceremonia. 

Estoy sentado en un banco de los del jardín, practicamente agarradome de los pelos por no ser capaz de decirle a alguien ''lo siento''

Cuando de repente a mi lado se sento (negip) (el negro altoote) 

--Muchacho, si quieres quedarte sin pelo dimelo y voy por las tijeras... no creo yo que arrancandolo como si fueran hierbajos valla a quedarte muy bien.

Me incorpore y suspire.

--Dime ¿que te pasa?

¿Debia decirlo?

No, es el faraon y tu rep

--Yo... ¿alguna vez has hecho algo por lo que deberias perdir perdon pero no sabes como?

--¿No vale un ''lo siento''?

Negue

--Bueno, pues escribelo primero, si aclaras tus ideas en un papel despues te sera más facil poder reproducirlas en voz alta.

--¿Tu crees?

--Estoy seguro de que tu amor te perdonara.

Ojala y se...

--¿¡Que?! ¿¡Mi amor?! no es para mi amor no tengo ningun am-

Se rio fuertemente --Tranquilo muchacho, no tienes que preocuparte tanto, soy viejo pero no tonto. Tu mirada es de amor, y tu agobio es por miedo a perderlo, no te preocupes le pasa a todo el mundo. Tu solo sincerate.

Se levanto y se marchó.

Asique tu amor, ¿eh?

A callar, (nm del negro altote9 no sabe de lo que habla, aun que quizas, en lo de escribrir tenga razón.

Me levante y fui a mis aposentos, todas esas camas pegadas unas a las otras eran bastante comodas la vedad, mejor que mi cama de casa. No habia nadie en la estancia, estaba completamente vacia, parece ser que soy el unico que no trabaja.

En los cajones de mi mesita tenia papeles y un lapiz, asi que sin mas preambulos empecé.


Buenas tardes, noches o días, quisiera decirte algo, veras, se que hemos discutido bastante, mucho para ser sincero, y lo peor que ni siqueira nos conocemos lo suficiente, pareces amable, y de verdad que yo soy muy majo, y bueno, el asunto es que queria pedirte perdón, por lo de ya sabes...

 Fui un completo imbecil y espero que podamos darnos otra oportunidad, prometo esforzarme, es que encima creo que nos podrimaos llevar genial, creo que podriamos ser algo más que compañeros...


--...Un buen guarda y su faraón...--termine en voz alta.

Apague la vela y me levante de inmediato, se estaba haciendo tarde y no podia permitirme esperar más, lo tenia todo fresco y ordenado, lo mejor era decirselo cuanto antes.

Ni si quiera me moleste en recoger las otras diez o doce pre-cartas que tenia tiradas por mi estancia, me costo bastante ordenar que iba adeicr.

Estaba acercandome a la sala de coronación, pero no, no estaba. Fui a los dos comedores, quizas al faraon le gusta comer tarde pero tampoco, asi que me dirigí a sus aposentos.

Nada.

Pase otra vez por la sala de coronación pero una criada me paró.

--Eh, perdona, tu eres el nuevo, ¿no?

--Eh, sí, soy Thabit el guarda de salidas --le di la mano --encantado --y me di la vuelta para seguir mi camino.

--No espera --me detuvo --el faraón te busca, esta en su despacho esperando-- dijo.

--A vale... gracias.

Bueno al final lo que queria era hablar con el, se ve que los dos estabamos buscando uno al otro...

Todavia no me acordaba muy alla de como llegar a todos los lugares asi que la chica me acompañó, estaba callada, y parecia un pelin ¿preocupada?, no lo se, solo me estoy centrado en que no se me olvide nada.

Subió las escaleras y me presentó, subí sin más dilemas.

La primera vez que entre no me fije en lo precioso de este sitio, pero ahora de noche con el candelabro iluminando toda la estancia me di ceunta de lo bonito que es, los balcones tan grandes que dejaban ver todos los pueblos cercanos, aun que no se distinguia si eran casas o algo más. Las hermosas estanterias vitrinas mesas y sillas que decoraban la estanci ahcinedola comoda y acogedora, los sillones que habian en un lateral frente a una increible cascada que hcia todo mucho más fresco y acogedor...

Y ahí estaba el, absolutamente imponente en su silla detras de la gran mesa de estudio, me dedicó una sonrrisa y me indico que me sentase.

Una vez ya en mi sitio el iba a deicr algo pero le interrupí.

--Sera mejor que hable yo primero, vera me gust- --me interrumpió.

--Lo mejor es que hable yo primero, se lo que quiers decir.

¿A si?

Morir De AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora