Me duele bastante la cabeza.
Mi viaje con Zaya, o como cojones se llame no ha sido de lo mejor la verdad, he estado muy incómodo pensando en demasiadas cosas y odio las salidas, las detesto, tengo que fingir buena cara a todo el mundo aunque sean de lo más insoportable.
Estoy sentado en lo alto de un palco, viendo a todo el mundo abajo bailar, hablar, reír, y besarse. Tarek, el anfitrión, me está contando cómo es que se le ocurrió una supuesta tan gran fiesta, como lo lleva planeando desde hace un montón y que se alegra un montón de que yo esté en ella, en resumen lo que me van a decir todas las personas que me vean y en todas las fiestas a las que asista...
Anat se puso hoy bastante enferma, comenzó incluso a devolver, sinceramente prefiero que ella también asista a estos actos sociales, que se lleva mejor con la gente. Siempre que nos tocaba ir a una con mi antecesor era sencillo, nos presentaban a alguien, me presentaba y ella hablaba, yo podía disociar, mirar a todos o irme a comer, pero ahora Tarek espera una respuesta y no he escuchado ni un cuarto de lo que ha dicho.
Me quede absolutamente en blanco mirándole, sencillamente podría haberle dicho que me alegraba de estar en su fiesta, o que lo había decorado todo precioso pero no se me salía absolutamente nada.
—Eeh...— intenté empezar.
—Señor Faraón —salvado por la campana. O más bien por mi guarda, me di la vuelta para ver que quería, pero era otro señor, un guarda de Tarek, que me miraba de una forma un pelín extraña, como si me estuviera, no se, juzgando.
Le hice una seña para que hablase.
—Señor Faraón, su acompañante, o guarda doy por hecho esta absolutamente arrasando con toda la comida del banquete.
Que
No me toques lo huevos...
—Tarek, si me disculpas, volveré en un momento.
Le hice un seña al guarda para que me guiase, entre incluso sin fijarme en dónde estaba cada cosa, puerta o salida. Cosa que es lo primero que hay que hacer. Avanzamos por un pasillo hasta las escaleras, una vez en el primer piso giramos a la izquierda, donde había una extremadamente larga, donde se veía a ese ser comiendo como si no hubiese probado bocado desde hace cinco días, mientras hablaba con una señora bastante mayor como si fuera su amigo.
Le hice una seña al guarda para que se marchase y me acerque lentamente a Zaya...
la verdad, que hasta comiendo como un salvaje esta guapo...
y tanto...
ajjj
¿vas a empezar?
¿yo que? lo has pensado tu solito...
Me acerque a el y suavemente le puse una mano en el hombro.
--¿Qué coño haces? —dije en susurro para que la señora no me escuchara, que al ver mi cara se fue de inmediato, mi mano cada vez apretaba más su hombro a medida que se iba dando la vuelta.
--Comer ¿No me ves?
Yo a este le mato.
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Morir De Amor
RomanceFacil Dos chicos Un amor Un destino inevitable Un villano O muchos, depende desde donde lo mi...
