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Christina entró al restaurante "Profilone" con nerviosismo. El lugar estaba lleno de elegancia, con manteles blancos, candelabros brillantes y una atmósfera sofocante de clase alta. Al acercarse al gerente, un hombre alto y robusto con una presencia imponente, se presentó para pedir trabajo. Conocía a Christina por petición de su padre, Alexei Ivanovich, y la aceptó de inmediato.

El primer día de trabajo, Christina se colocó su uniforme y delantal, sintiendo cómo los nervios se acumulaban en su estómago. Salió de la cocina, y de inmediato, sus ojos se encontraron con dos de sus amigas, Marlieses e Ivanna, sentadas en una de las mesas principales. Se escondió rápidamente, su corazón latiendo a mil por hora.

Aleksandra, otra camarera, se acercó y le dijo con una sonrisa comprensiva:

-El primer día es el más difícil, cálmate, todo saldrá bien.

Christina, con lágrimas en los ojos, le respondió:

-¿Puedes perdonarme por lo del otro día?

Aleksandra la miró con una sonrisa reconfortante y le dijo:

-Yo ya lo olvidé, olvídalo tú también.

El gerente del restaurante, un hombre alto con cabello gris y ojos severos, se acercó a Christina y Aleksandra. Su presencia llenaba el espacio con autoridad.

-¿Cuánto tiempo van a estar ahí conversando? Atiendan a los clientes. El restaurante está lleno de personas -dijo con un tono autoritario.

Miró a Christina y, señalando la mesa donde se encontraban sus amigas, añadió:

-Tú debes ser Christina. Ve a atender aquella mesa.

Christina se quedó paralizada, sin querer que sus amigas la vieran trabajando como mesera. Aleksandra, notando su incomodidad, intervino rápidamente:

-Yo voy a atender esa mesa, son mis clientas habituales.

Aleksandra se preparó y se dirigió a la mesa, dejando a Christina algo más tranquila. Sin embargo, el gerente, observando a Christina todavía inmóvil, le dijo con impaciencia:

-¿Qué esperas? ¡Ponte a trabajar!

Christina, sintiendo la presión, se dirigió a la mesa de la esquina. Era una mesa pequeña, ocupada por una pareja mayor que conversaba animadamente. Se acercó con una sonrisa temblorosa y dijo:

-Buenas tardes, ¿qué les gustaría ordenar?

La pareja la miró con amabilidad y pidió su comida. Christina, aunque nerviosa, anotó el pedido con rapidez y se dirigió de vuelta a la cocina.

Mientras tanto, Aleksandra atendía a Marlieses e Ivanna, manteniéndolas entretenidas y asegurándose de que no notaran a Christina.

El gerente, desde su posición cerca del mostrador, observaba a Christina con un ojo crítico, pero no intervenía más. La cocina era un hervidero de actividad, con chefs y ayudantes moviéndose frenéticamente entre los fogones y las estaciones de trabajo.

Christina regresó a la mesa de la esquina con los platos, tratando de mantener la compostura. A pesar de sus nervios, los clientes parecían satisfechos con su servicio, y poco a poco, empezó a sentirse más cómoda.

Christina, después de terminar con la mesa en la esquina, se dispuso a atender otra mesa, siempre vigilando de reojo a Marlieses e Ivanna. Se acercó a la mesa cerca del vestíbulo con una sonrisa profesional y dijo:

-Buenos días, mi nombre es Christina.

Les pasó las cartas del menú a los señores que estaban sentados. Ellos asintieron amablemente.

Mi Reino por un Amor©© (COMPLETA✓)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora