Habían pasado tres días de la llegada de Clary a Holmes Chapel, y ya era como si hubiese estado toda su vida allí. Hablaba con todos los empleados, ayudaba a Mabel con la cocina, aprovechando para aprender y ser una gran chef, y de vez en cuando establecía una pequeña charla con personas que solían ir bastante seguido al restaurante. Todo iba bien, a excepción de que la niña estaba perdiendo dos semanas de clases en el colegio en el que Christina la había inscrito, según ella, su mami le había pedido un permiso especial para poder faltar y viajar hasta allí. Louis no dejaba de preocuparse.
- ¿Así que hoy no quieres ir? - preguntó un atareado Louis, preparando el desayuno a su adormilada hijita, quien llevaba aun puesto su pijama celeste de cenicienta y el cabello enmarañado, y él hasta podría apostar que su perezosa niña ni siquiera se había lavado la cara.
La niña negó, todavía luchando por no dormirse en el mesón que dividía la cocina de la sala de estar.
- ¿Y eso por qué? Tu siempre eres la que me despierta temprano para irnos en cuánto antes al restaurante. ¿Sucedió algo? - quizás sonaría exagerado, pero cualquier actitud no habitual en su hija le preocupaba.
- Es sólo que... - bostezó - tengo demasiado sueño.
Louis le tendió un plato con cupcakes y un vaso con leche de fresa. Nunca aprendió a cocinar, así que cuando estaba su hija, que era quién dependía de él, utilizaba esas preparaciones que se compraban casi listas en los supermercados, como lo eran esos cupcakes. No eran tan ricos como los de Mabel claro, pero a Clary le gustaban o al menos fingía que sí.
- Mm, sí, es entendible, teniendo en cuenta que fingiste dormir cuando me asomaba por tu habitación al oír el televisor encendido anoche.- acusó Louis bebiendo de su café negro.
Clary sonrió inocentemente.
- ¿Cómo lo sabes? - preguntó masticando su cupcake sin decoración alguna. No, Louis tampoco tenía talento para eso.
- Pues porque entraba a tu cuarto, apagaba tu tv y me marchaba, lo que fue un total de tres veces. Si tu mamá se entera de que permito que te duermas a las tres de la mañana me colgará.
- Ugh está bien.- reconoció de mala gana.
- Por cierto, ¿Qué pasan por la tv a esas horas para los niños? ¿Peppa pig? - preguntó burlón.
- Nada. Es... Otra cosa.- sus ojos volvían a cerrarse lentamente. Es que no estaba acostumbrada a tales hazañas nocturnas.
- Hey, no duermas. Por más que tengas sueño, sabes que no puedo dejarte sola, eres una bebé. Así que te llevaré con mi madre y así continúas durmiendo en cama de Fizzy.- Louis lo dijo cariñosamente, pero aún así provocó la furia de su hija.
- No soy una bebé.- protestó bajando de su taburete y caminando hasta su cuarto tal cual Zombie.- Enano.- y se encerró.
Louis continuó con su café y se dijo así mismo que pudo haber sido peor. Clary era totalmente distinta a todos los otros niños de los que tenía conocimiento de primera fuente. Sus hermanas por ejemplo, cuando pequeñas eran todo ternura y cariño, lo sabía porque él las había cuidado muchas veces años anterior, pero luego estaba su hija, que era una versión bastante bizarra de lo que él había imaginado jamás serían sus hijos. Tenía sus momentos tiernos, claro que sí, pero la mayoría del tiempo, cuando dejaba a un lado la timidez y su lado diva salía a flote, se comportaba como... Christina, o sea como una pequeña perra. ¡Y tenía sólo cinco años!
Sus pensamientos viajaron hasta el día en que su hija había llegado y lo había avergonzado incontables veces frente a Edward, ya sea cuando le mencionó sobre un oso de peluche de la infancia que aún conservaba en su cuarto (lo que era horrible ya) o de aquella vez que estaban en el parque de diversiones y Louis tuvo que subir al carrusel con ella. Okay, eso no era tan malo, porque lo hacía por su nenita de en ese entonces cuatro años, pero si era bastante humillante haberlo hecho vestido de princesa.
ESTÁS LEYENDO
Vendetta - Larry Stylinson
FanfictionHarry Styles, ahora con 22 años, decide volver al pequeño pueblo en el que nació y creció, y el que también conoció su humillación años atrás. Todo, o al menos la mayoría, continuaba igual. Sólo unos pequeños cambios aquí y allá eran visibles en la...
