Capítulo 25

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Harry cerró sus ojos y se dejó seducir por las suaves caricias que las delicadas y experimentadas manos hacían en su cabello, siendo tocado relajantemente mientras su cabeza estaba apoyada en las piernas de la mujer que lo acariciaba.

— ¿Sabes qué? Extrañé esta sensación.— murmuró alzando su cabeza hacia arriba. Mabel le regaló una maternal sonrisa como esas de las que se privó por años de regalar al no tenerlo a su lado.

Harry había golpeado a su puerta esa misma tarde, la siguiente al juicio, con su rostro dócil y una mirada expresiva pidiendo su atención. Ella, congelada por breves instantes y con la emoción a flor de piel, aguantó solo cinco segundos de pie y se abalanzó para estrecharlo entre sus brazos. Notándolo fuerte y grande entre ellos. Él le había dicho que quería hablar, ella lo dejó pasar y ahora estaban juntos en el sofá poniéndose al día de tanto cariño que habían dejado de lado.

— Yo también, mi niño. Mucho.— respondió ella, entremetiendo sus dedos en su rizado y largo cabello.

— ¿Crees poder perdonarme algún día? — preguntó levantandose y mirándola de manera culpable.

Ella sólo le sonrió.— No hay nada que perdonar, cariño.

Harry negó suavemente con su cabeza.— Yo te traté muy mal en ese tiempo. Tú no lo merecías.

— Y tú no merecías aquello.— murmuró suavemente la mujer cogiendo su rostro y mirándolo tiernamente.— Nada de esto es nuestra culpa.

Harry asintió lentamente, dudando.

— Quiero pedirte algo, Mab.

Ella asintió, respondiendo un simple:

— Lo que sea.

Harry cogió las manos de la mujer entre las suyas y la miró directamente a los ojos. La mirada de ella reflejaba una paz interior muy grande, que no había estado ahí desde que Harry había "muerto" años atrás. Pero que ahora podía lucir transparentemente porque así se encontraba; en paz.

— Quiero que estés con Louis.— musitó el rizado, hablando firmemente.— Si es posible, que lo perdones.

Pudo sentir cómo la mujer quiso soltar sus manos de las suyas, pero él no lo permitió.

— Has perdido el juicio, mi niño. Lo que Louis hizo no tiene perdón de Dios.

Harry acarició sus manos para tranquilizarla y ella guardó silencio.— Puede que no, y puede que sí. Tú lo quieres mucho y yo lo sé. Esto que pasó no logró que lo odiaras, porque nunca podrías odiarlo.— respondió él, viéndolo en sus ojos.— Tú no eres así, Mab.

— Harry, yo...

— Él te necesita. Y tú lo necesitarás también.— dijo.

La mujer lo observó algo asustada, no podía ser lo que estaba pensando.— ¿De qué hablas?

Harry suspiró.

— Yo regresé sólo para esto. Debo irme otra vez. Y esta vez no creo volver.

— ¿Qué? No, Harry, no puedes marcharte de nuevo.— pidió ella, apretando sus manos unidas. Harry negó ante aquello.

— Es necesario. En este pueblo nunca podré ser yo otra vez. Todo el mundo observándome de soslayo, murmurando cosas sin prudencia sobre mí, es imposible. Si me quieres realmente, me entenderás.— finiquitó.

Mabel calló, resignada, porque ¿qué podía hacer o decir que hiciera cambiar de opinión a este obstinado, y seguro de sí, hombre? En lugar de hacerle más difícil la decisión a su caramelito o hacerlo sentir culpable, continuó mimandolo.

Vendetta - Larry StylinsonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora