Cinco.

129 17 7
                                    

Nathalie se encontraba nuevamente frente a la imponente reja de la casa de Gabriel, debatiéndose internamente sobre si debía entrar o no; ella sabía que debería estar enfocada en encontrar al infiltrado, pero algo la había llevado de nuevo a esa casa

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Nathalie se encontraba nuevamente frente a la imponente reja de la casa de Gabriel, debatiéndose internamente sobre si debía entrar o no; ella sabía que debería estar enfocada en encontrar al infiltrado, pero algo la había llevado de nuevo a esa casa. 

Sin pensarlo más, decidió tocar el timbre, la respuesta fue inmediata. 

—¿Qué desea? –Una voz gruesa y profunda respondió al otro lado.

—Vengo a ver al señor Agreste. —Responde con firmeza.

—¿Tiene cita? —Le cuestiona la voz.

—El señor me permitió verlo cuando quisiera. —Réplica.

Hubo un breve silencio, luego las rejas comenzaron a abrirse a la par, permitiéndole la entrada; Nathalie avanzó hacia la entrada principal y fue recibida por un gran empleado que aguardaba allí. 

—¿Dónde está él? —Cuestiona.

—Vendrá en un momento, por favor espere. —Responde el empleado.

Tan solo esperó unos minutos antes de que Gabriel apareciera por las enormes escaleras de la casa. 

—Hola Nathalie –Él la saluda un tanto sorprendido–. No esperaba verte tan pronto. 

—No quiero quitarte mucho tiempo —Ella adopta un tono más suave—, vine a disculparme.

—¿Disculparte? ¿Por qué? –Él arquea una ceja intrigado. 

—Por cómo traté el tema de tu esposa —Admite—. Fui demasiado dura y no pensé en cómo te sentirías al preguntarte algo tan personal.

—Agradezco tu preocupación, y también agradezco que entiendas que es un tema difícil. —Gabriel se muestra extremadamente sincero. 

—Lamento si fui demasiado insensible. —Agrega, sintiendo que realmente debía hacer las paces.

—Eso no ideorta ahora, acepto tus disculpas.

Nathalie sintió que la tensión entre ambos se disipaba, asintió, dispuesta a retirarse, pero justo cuando se giraba para irse, él la detuvo suavemente.

—¿No quieres quedarte a tomar el té aunque sea un rato? Tampoco tardaré, ya tengo todo listo. —Ofrece con una pequeña sonrisa.

Ella se detuvo, sorprendida por la invitación, dudó por un instante, pero luego asintió —Está bien, me quedaré un rato. —Responde finalmente.

El hombre pareció complacido mientras la guiaba hacia la cocina, misma donde estuvo la última vez. Ella se sentó en una silla frente a la mesa, mientras él comenzaba a preparar todo para el té.

—¿Y dónde está tu hijo? —Pregunta mirando alrededor como si esperara verlo aparecer en cualquier momento.

—Está encerrado en su habitación —Responde el hombre sin apartar la vista de lo que hacía–, él simpre se encierra ahí. 

Como una polilla cazando en la oscuridad  ‖Gabenath‖Donde viven las historias. Descúbrelo ahora