𝐏𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐚𝐝𝐮𝐥𝐭𝐨𝐬 (+𝟏𝟖)
En el mundo clandestino de una poderosa organización criminal, Nathalie es una cazadora letal y eficaz; su misión: capturar al reciente héroe Betterfly, un hombre que se ha convertido en una espina constan...
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Nathalie suspira profundamente, dejando que el humo del cigarrillo salga con un suspiro de frustración, ¿Qué es lo que está haciendo? Ella piensa mientras observa el vacío del balcón, el lugar donde esperaba que él apareciera.
El frío de la noche le entumece las manos, pero eso no importa; lo único que siente es ese vacío en su pecho.
Betterfly le dijo que no se verían más, y lo dijo con esa sinceridad desarmante que lo caracteriza, él no pudo mentirle, no quiso decir algo que no cumpliría, y esa maldita honestidad es lo que la carcome.
El héroe podría haber mentido, solo esta vez, pero no, él siempre fue transparente, directo, y cumplió su palabra al pie de la letra.
Ella apaga el cigarrillo en el cenicero del balcón con un gesto brusco, como si al hacerlo pudiera apagar también esa sensación de abandono.
Esto no es profesional, no es lo que debería estar haciendo, ella debería estar pensando en cómo rastrearlo, descubrir su identidad, atar cabos, pero en lugar de eso, lo único que hace es pensar en él, en cómo la besa, en cómo su voz suena en su mente, en cómo su presencia llenaba cada rincón dónde estaba.
El pensamiento la avergüenza; Nathalie mira hacia la oscuridad de la calle, esperando, deseando...
¿Por qué esperaba que apareciera? Él se lo dijo, no vendría, pero una parte de ella, la parte que no quiere admitir que existe, tenía esa ridícula esperanza de que él rompiera su propia regla, de que apareciera ahí esta noche, que le devolviera aunque fuera un poco de ese calor que él siempre traía consigo.
Sí Betterfly estuviera ahí, ella le preguntaría por la rosa, le preguntaría qué significa y él respondería con algo tan cursi, tan fuera de lugar, que no podría evitar burlarse de él, pero eso no pasará.
Porque él no es como los demás, él es leal a sus palabras, a sus convicciones, a todo lo que es, y eso la desarma de una manera que nadie más ha logrado.
Nathalie mira al balcón vacío de nuevo, y una pequeña parte de ella se siente estúpida por haberse permitido esperar, ella se envuelve en sus propios brazos, el frío a comenzado hacerse más evidente, pero sigue ahí, inmóvil, mirando la noche como si en cualquier momento algo pudiera cambiar.
Él no es un cobarde, y esa es precisamente la razón por la que no está aquí.
La mujer se aparta del balcón e ingresa a su departamento de mal humor, cerrando la puerta del balcón detrás de ella con un golpe seco.
La calidez del lugar contrasta con el frío de la noche que todavía siente en su piel, pero nada de eso le importa, camina por la sala sin encender ninguna luz; la oscuridad parece coincidir con su estado de ánimo.
Ella atraviesa el pasillo que lleva a su habitación; había pasado horas esperando, buscando un signo, una señal, algo que la hiciera pensar que él rompería su promesa de no volver.