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Seokjin

Estaba agotado.
Mi celo, uno de los peores que había tenido en mi vida, drenó una buena parte de mi fuerza.

Mientras dejaba correr el agua de la ducha, sobre mi piel, pensé en lo que consideraba una posible solución. Pero hacerlo, me llevaría a tener que confesar lo que estaba ocultando y ella ni siquiera sabía de ese lazo, no lo sentía.

¿Cómo podía decirle que lo rompiera?

Pero pasar los celos, sin estar con alguien, me hacia considerarlo de verdad porque cualquier otro aroma que no fuera el de ella, me provocaba un rechazo inmediato y tuve que soportarlos solo. Las cosas empeoraron para mí, después de esos días en Lindstrom, sintiendo su contacto.

Salí de la ducha y busqué un pantalón ligero de pijama. Lo usé, sin haber secado mi cuerpo porque aún sentía esa ligera fiebre, que se estaba disipando lentamente y necesitaba mantenerme fresco. Demasiado cansado para comer, decidí solo dormir. Pensé en que, si pudiera, lo haría dos días enteros y fui directo a mi cama. En algún otro momento buscaría lo que mi madre había dejado en mi cocina. En ocasiones, preparaba grandes cantidades de comida y empacaba algo para mis hermanos o para mí. Agradecí que lo hiciera en situaciones como esa, en la que no deseaba cocinar y posiblemente solo me levantaría a comer lo primero que encontrara y volver a dormir.

Antes de cerrar los ojos, hice un repaso mental de lo que haría al día siguiente: me encargaría de limpiar la habitación que utilicé en el sótano, durante mi celo, de trabajar un poco en mi invernadero, además de otros pendientes que tenia. Me pasé la mano por la cara, con cierto fastidio porque ni estando tan cansado dejaba de darle vueltas a todo lo que tenía que hacer. Usé la almohada para cubrirme la cabeza, esperando que el sueño me llevara, pero escuché la suave vibración de mi móvil, el que acababa de encender, en mi habitación. Era tarde, casi las dos de la mañana, me levanté de prisa y lo tomé, de encima de unos libros que tenía apilados en la esquina del lugar.

Al ver su nombre, respondí de inmediato.

- ¿Adley?

- Jin... Jin, lo siento, se que es tarde...

- ¿Estás bien? - Si, era muy tarde. Esperé, porque se quedó en silencio unos segundos y la escuché resoplar un poco en la bocina.

- Si, yo estoy bien.

- ¿Sucede algo?

- No. Es... Es solo que no hablamos en algunos días y yo... Estaba preocupada.

Estuve cuatro días encerrado en mi sótano, incomunicado. Me senté en la cama un instante, antes de recostarme y acomodar la almohada bajo mi cabeza. Yo sabía la razón de porqué estaba llamándome.

- Me informan a diario y no hay noticias de él. - hablé en voz baja, relajándome sobre el colchón y cerrando los ojos. De nuevo se quedó en silencio. - Si hubiera algo, te lo diría. Yo te lo prometí.

Si mi hermano hubiera aparecido, me lo habrían dicho, sin importar qué. Todos sabían que cualquier información era valiosa. Todos estábamos desesperados por encontrarlo. Cada ciertos días, salía de Barrie para visitar a las otras manadas y ampliar la búsqueda.

- Lo sé, yo lo sé y... - de nuevo otro silencio. - ¿Y tú... estás bien?

- Si. ¿Por qué lo preguntas?

- No respondías... y de verdad, no quería molestar a tus padres, ni a Nam. Se que hubieran llamado... Entonces esperé porque todos los días hablamos, pero tú no me llamaste... y no pude esperar más. - lo último lo dijo tan bajito, sonaba avergonzada.

- Pero te lo prometí, que si sabía algo...

- Lo sé. - me interrumpió. - Supongo que... quería saber de tí.

HUNTING [kth]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora