23. Unidos

70 10 0
                                        

Habían vuelto a la casa de Eliot. Para informarse un poco de la situación habían prendido la tele en el canal de noticias.

—...el FBI cree que podrían haber conspirado con el supuesto asesino: Lee Harvey Oswal —habló el hombre de la tele— Vanya Hargreeves, buscada en relación a la muerte de varios agentes de FBI. Un exiliado cubano conocido como Diego, que recientemente escapó del manicomio...

—Cubano —rió Alessandra, ganándose una mirada seria de su hermano.

—...junto con una mujer llamada Alessandra, quien tiene antecedentes de asesinato y violencia inexplicable.

—¿¡Inexplicable!?

—Tranquila, Ale —Diego la abrazó por los hombros.

—Un boxeador aficionado con supuestos lazos con la mafia, que pelea bajo el alias de “King Kong” Allison Chestnut, una radical negra, responsable de organizar las recientes dispuestas en el restaurante, y, finalmente, Klaus. El controvertido líder de una secta y evasor de impuestos. El FBI le pide al público que esté atento al paradero de este niño no identificado —Para sorpresa de nadie, mostraron una foto de Cinco escondido tras una serca de madera—. Se cree, que el niño es rehén de terroristas.

—Me siento rehén de ustedes casi siempre —comentó Cinco.

—Detesto esa foto —gruñó Diego, aún abrazando a Alessandra.

—Oigan, la buena noticia es que arreglamos la línea del tiempo y evitamos el fin del mundo —trató de animar Alessandra.

—Que buenos héroes somos. Dejamos morir a Kennedy.

—Y ahora somos las personas más buscadas del mundo. —siguió Allison—. El FBI nos persigue, la policía de Dallas, el servicio secreto. ¿Saben? Solo es cuestión de tiempo. Nos van a encontrar aquí.

—¿A dónde deberíamos ir? —dudó Vanya.

—Yo tengo un lugar —habló Klaus, bajando las escaleras—. Podemos ocultarnos ahí. La gente es un poco extraña, pero amable.

—Torpes —llamó Cinco—. Escondernos no servirá de nada. La comisión nos va a buscar en cualquier tiempo y lugar, lo sé.

—Tiene razón —apoyó Diego. Alessandra había empezado a jugar con los dedos de la mano que tenía pasada por sus hombros—. Es imparable.

—Perdona, ¿desde cuándo conoces tan bien a la comisión? —preguntó Cinco, confundido.

—Desde que escapé de ahí. Me reclutaron. Me ofrecieron empleo de tiempo completo con beneficios que tuve que rechazar.

—¿Te reclutaron? ¿En serio? ¿Al idiota de la ciudad?

—¿Qué? ¿No puedes creerlo? —Diego se alejó de Alessandra, para cruzar sus brazos frente a Cinco— ¿Solo el todo poderoso Cinco tiene eso?

—Diego, no tienes pasta para la comisión. Eres demasiado obstinado para eso.

—¿Quien crees que descubrió que Vanya iba a terminar con el mundo y la detuvo? Yo.

—¡Hey! —se quejó Klaus.

—Yo lo descubrí en el tablero del infinito.

—¿¡Viste el tablero del infinito!? —se sorprendió Cinco.

—¡Si! Esa máquina es mi perra. Tienen que reconocer que tengo talentos que ustedes no imaginan.

—¡Oye, espera! —interrumpió Allison— ¿Tú tienes talentos?

—¡Me reuní con la resistencia!

Vanya subió las escaleras, cansada de escuchar la discusión. Alessandra la iba a seguir, pero creyó que era mejor dejarla sola un rato para que despejara su mente. Igual, si sus hermanos empezaban con sus golpes, ella ya estaba dispuesta a intervenir si era necesario, y no solo con palabras.

La ocho de los HargreevesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora