quiero olvidar

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ALMA

El latido de mi corazón aún resonaba en mis oídos, cada pulso recordándome lo cerca que habíamos estado de la muerte. Pero, a medida que la adrenalina disminuía, otro pensamiento se abrió paso entre la niebla de mi mente: el beso. La imagen de mis labios sobre los suyos, el sabor amargo del alcohol mezclado con la dulzura de la situación, todo se precipitó de golpe en mi conciencia.

¿Qué demonios había hecho?

Mi silencio debió ser evidente, porque Jungkook levantó una ceja, observándome con esa expresión suya, tan molesta como intrigante, que decía que sabía más de lo que yo quería admitir.

—¿Y ahora qué? —preguntó, dejando caer la última arma que tenía en la mano y cruzando los brazos—. Parece que te has quedado sin palabras, Alma. Eso sí que es raro.

Lo miré directamente a los ojos, y la imagen del beso volvió a golpearme. ¿Fue real o solo una ilusión inducida por el alcohol? El pensamiento me corroía por dentro, y necesitaba saber la verdad, aunque mi orgullo me gritara que lo dejara pasar. Pero nunca fui buena para ignorar lo que me atormentaba.

—Jungkook... —rompí el silencio, mi voz sonaba más áspera de lo que pretendía—. ¿Lo del beso... fue real, o solo fue mi imaginación?

Hubo un breve destello de sorpresa en su rostro, pero lo ocultó rápidamente tras su habitual máscara de indiferencia. Se inclinó contra la pared, como si estuviera considerando la mejor manera de responder.

—Sí, fue real —admitió, su tono ligero, como si no tuviera importancia.

Sentí un torrente de emociones que amenazaba con desbordarme. En un solo movimiento rápido, lo agarré del cuello, acercando su rostro al mío, mis ojos clavados en los suyos con una mezcla de furia y desafío.

—No te equivoques, Jungkook —le siseé, mi voz llena de veneno—. No creas que estoy enamorada de ti. Solo fue el alcohol, ¿entiendes? No significa nada.

Su respiración se volvió errática, y vi cómo sus ojos se agrandaron ligeramente mientras trataba de soltarse de mi agarre.

—S-Suéltame... —murmuró entre dientes, su voz entrecortada.

Lo miré fijamente durante unos segundos que parecieron eternos antes de aflojar mis dedos y soltarlo. Dio un paso atrás, masajeándose el cuello donde mis dedos habían dejado marcas rojas.

—Estás loca, Alma —dijo finalmente, su tono incrédulo—. ¿Por qué demonios hiciste eso?

Me quedé en silencio, mi corazón aún palpitando furiosamente en mi pecho. No quería admitirlo, pero la razón era simple: no soportaba la idea de que él pensara que el beso significaba algo. No podía permitirme ese lujo, no con todo lo que estaba en juego.

Jungkook dejó escapar un suspiro y se enderezó, mirándome con una mezcla de exasperación y comprensión.

—Y sí —continuó—. Sé que fue el alcohol. No te preocupes, Alma, no estoy tan loco como para pensar que fue algo más. Pensé que nos llevábamos bien, al menos en un nivel profesional, pero ahora veo que no.

Sus palabras, tan calmadas y directas, resonaron en mi mente. Sabía que tenía razón en parte. Podíamos trabajar juntos, y lo hacíamos de manera eficiente, pero no había espacio para algo más. No en nuestras vidas. No cuando cada día podíamos ser el próximo objetivo en la mira de alguien más.

Lo observé mientras recogía el arma de los contrincantes que estaba en el suelo y la volvía a cargar, preparándose para lo que vendría después. Habíamos pasado por esto antes. Una batalla tras otra, siempre sobreviviendo, siempre avanzando. Pero algo había cambiado. Y aunque no quería admitirlo, algo de lo que había ocurrido esa noche, del beso, de nuestra confrontación, había dejado una marca.

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